Los comentarios habituales entre los visitantes de los parques zoológicos de todo el mundo suelen incluir alguno acerca de las condiciones en las que se mantiene encerrados a animales salvajes. El continuo paseo de un gran felino, o un interminable chapuzón de un oso polar suelen interpretarse por el público como señales de estrés, causado por el confinamiento.
Un grupo de expertos reunido en un simposio en el zoo Brookfield de Chicago, recuerda sin embargo que las cosas no siempre son lo que parecen. En muchas casiones esas conductas, señalan, suelen ser simples acciones para gastar energía. Para desfogarse.
Señal equívoca
"Nosotros, los humanos, nadamos a menudo un largo tras otro (de una piscina), y muchos encontramos placer en caminar en círculos. Mientras esa conducta no dañe físicamente a los animales, mientras no les cause dolor, no hay por qué interpretarla como una señala de malestar", señala Nadja Wielebnowski, de la Chicago Zoological Society.
Wielebnowski cuenta con una amplia experiencia en la medición de las hormonas relacionadas con el estrés, y su trabajo se utiliza para hacer que quienes gestionan los zoológicos reduzcan al mínimo la exposición de los animales al ruido y cualquier otro factor que les haga sentir mal. Eso incluye en algunas ocasiones el contacto con humanos.
"Algunas especies están absolutamente bien en los zoológicos", señala David Shepherdson, del Oregon Zoo en Portland. "Tienen muy buena comida y a diario, reciben un magnífico cuidado veterinario... Para muchas especies, el zoo gana con creces a la naturaleza".
Problemas de conducta, no de nervios
Shepherdson es el autor de un estudio realizado a osos polares. A menudo se cree que esta especie, junto con los grandes felinos y los elefantes, entre otras, es de las que peor lo pasan cuando se les encierra entre cuatro verjas. Su comportamiento inquieto apunta, desde luego, al estrés.
Sin embargo, si se analizan los niveles en sangre de corticoestereoides -hormonas indicadoras del estrés-, los registros de la mayoría son aboslutamente normales. La conclusión preliminar indica que los osos no están estresados por estar encerrados, pero sí que les falta algo: necesitan realizar alguna de las conductas que les son innatas, y que en el zoológico no pueden desarrollar.
Shepherdson explicaque su tesis parece demostrarse cuando a esas especies se les dan juguetes que les permite imitar la conducta de la naturaleza, y dejan de mostrarse inquietos y nerviosos. En el caso de los osos polares, ese objeto es un barril que aplastan una y otra vez, como harían con una foca.




