"Los placeres de Lola", un manual que desmiente los tabúes del sexo femenino
EFE
Bolas chinas, vibradores y estimulantes anales son solo algunos de los utensilios que el libro Los placeres de Lola (Aguilar) sugiere para lograr el deleite femenino aunque su pretensión más que ayudar a buscar el placer es desmentir tabúes y enseñar a vivir el sexo con naturalidad.
Sus autoras, Raquel Traba y Beatriz Higón, encargada de las ilustraciones, han presentado hoy el libro en una reunión de las que se conoce como "tuppersex", una "demostración" de qué puede hacerse con distintos juguetes eróticos.
El objetivo, han explicado las autoras del libro, que es también cofundadora de la tienda madrileña "Los placeres de Lola", es desmitificar roles y eliminar antiguos tabúes.
Es importante, dicen, emplear los términos correctamente, y así se debe sustituir la palabra "consolador" por la de "vibrador", ya que, argumentan, "cualquiera podría pensar que si alguien se consuela, es porque está triste, y no es así".
"Que el feminismo arraigue"
Los vibradores, esconden, según Traba, una historia muy antigua que data de la Grecia clásica, cuando se inventaron como parte de una terapia psiquiátrica para combatir lo que se conocía como "furor uterino".
A las autoras les interesa que "todo lo que tenga que ver con el feminismo arraigue", y que las mujeres aprendan a vivir su sexualidad de una forma natural y sin tapujos.
Los juguetes eróticos, detallan, han existido desde tiempos ancestrales, pero las mujeres siempre han estado excluidas del proceso; por eso ellas dan instrucciones precisas acerca de su empleo y aportan ideas como la del vibrador que se conecta al IPOD y que se mueve al ritmo de la música que se esté escuchando.
Traba ha explicado que el prototipo de cliente de su tienda es mujer de entre 30 y 40 años, aunque también compran desde chicas de 17 años hasta mujeres de 70, "y de todas las razas y clases sociales" porque, a su juicio, "todas las mujeres hablan el mismo lenguaje en sexo".
En cuanto a los hombres, según Traba, se muestran en principio más recelosos a la hora de incorporar los juguetes sexuales en la pareja, ya que tienen miedo "de ser reemplazados".





