En la película La vecina de al lado (The next door girl, 2004), Elisha Cuthbert interpreta a una actriz porno que levanta odios y pasiones cuando se instala en un vecindario convencional.
Hispano Foxfilms
Es normal que los jueces dicten órdenes de alejamiento en casos de violencia doméstica, por ejemplo. Lo que ya es menos habitual es que los tribunales te prohíban acercarte a menos de 100 metros de la casa de tu novia por armar demasiado jaleo al hacer el amor. Es el caso de Adam Hilton, un vecino de Brighton (East Sussex, Inglaterra) que, al parecer, cada vez que echaba un polvo con su novia Kerry Norris, montaba unos escándalos de tal magnitud que retumbaban en todo el vecindario, muchas veces a altas horas de la madrugada.
Según informa BBC News, desde el año 2006 la ardiente pareja traía a los vecinos de su bloque por la calle de la amargura y las denuncias eran constantes por cuestiones siempre relacionadas con el sexo: gritos orgásmicos, expresiones muy guarras, golpes en las paredes y otros sonidos que ensuciaban la antaño decente tranquilidad del barrio.
Pese a las continuas quejas y denuncias, la pareja no escarmentaba y Adam llegó a ser multado con 500 euros por violar la orden de reducción de decibelios que recibiera en su día.
Un niño escuchaba las obscenidades de la pareja
Tal y como comenta el portavoz del municipio Mike Taggart, las quejas de los vecinos no sólo se centraban en los decibelios alcanzados por los alaridos lúbricos de la pareja, sino también en su lenguaje sexualmente explícito: "A nadie le gustaba que el niño de seis años que vive en el edificio se viera obligado a escuchar una sarta de obscenidades cada noche".
Taggart añade que también se recibieron quejas (suponemos que más de las vecinas que de los vecinos) porque Kerry, la novia de Adam, tomaba el sol desnuda en el patio común del edificio: "Es una vecina de pesadilla", afirma el portavoz, subrayando además el hecho de que muchos vecinos habían pasado interminables noches en vela por culpa de los ruidos.
Esperemos que este mazazo de la justicia sirva para que los vecinos de ese bloque de Brighton puedan descansar, al fin, en paz y que la pareja busque una alternativa para seguir practicando sexo salvaje sin turbar el descanso ajeno. Podrían mudarse a un apartamento insonorizado o, mientras dure el verano, trasladar sus coitos a la zona nudista de la playa de la ciudad, donde hace ya mucho tiempo que no hay peleas de rockers contra mods.


