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Domingo, 12 de febrero de 2012. Actualizado a las 11:02h | : el tiempo en

Historia húmeda del bikini

Perseguimos la evolución de la prenda más sexy del mundo, que lleva 62 años cubriendo las zonas "prohibidas" de las chicas de la playa | La historia (sexy) del bikini en fotos

  • Luis Landeira
  • ,
  • Madrid | 18/08/2008 | comentarios | Votar
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Cada año, volver a la playa y ver la arena llena de chicas en bikini es un espectáculo tan hipnótico y deslumbrante que, después de más de seis décadas de historia, aún nos quita el hipo. Y eso que, hoy por hoy, el bikini ha sido desplazado por tangas, monokinis, microkinis o, el colmo de colmos, esos bikinis invisibles que lucen las mujeres nudistas. El verano es, sin duda, el mejor momento para echar la vista atrás y, con un pie en la playa, recordar de dónde viene el bikini y cómo ha ido menguando con el paso del tiempo.

Como no podía ser de otra forma, el bikini nació en verano. En concreto, el 5 de julio de 1946, cuando el ingeniero francés Louis Réard, que había heredado una mercería familiar, tuvo la brillante idea de crear un traje de baño de dos piezas. La bombilla se encendió en la cabecita de Réard cuando éste paseaba por una playa de Saint-Tropez y vio cómo las mujeres enrollaban sus largos y engorrosos trajes de baño para broncear más centímetros de sus cuerpos.

Reard presentó su nueva y revolucionaria creación en un desfile en la piscina Molitor de París y, ante la negativa de las maniquíes profesionales a posar con una prenda tan diminuta (por aquel entonces, enseñar el ombligo era casi un pecado mortal), se vio obligado a utilizar como modelo a la bailarina del Casino de París Micheline Bernardini: ella tuvo el dudoso honor de ser la primera mujer en posar con bikini bajo el lema “más minúsculo que el más minúsculo traje de baño del mundo”.

Fue la propia Micheline quien bautizó al bikini cuando, al probárselo, le soltó a su jefe, con el proverbial desparpajo de una mujer de la vida: "Señor Réard, su bañador va a ser más explosivo que la bomba de Bikini", en referencia a la prueba nuclear norteamericana en el atolón de Bikini.

Con ella llegó el escándalo

Festival-cannes.fr

Por  supuesto, siempre habrá envidiosos que digan que si el bikini ya estaba inventado, que si en la antigua Grecia ya se bañaban en bikini, que si existen mosaicos con 1.700 años de antigüedad en la Villa Romana de Casale (Sicilia) que ya muestran mujeres entrenándose con un trajecillo de dos piezas muy parecido al bikini, que si había mujeres indígenas en el Pacífico que usaban bikinis sin saberlo, que existieron valientes que tomaron el sol en los años 30 con prendas muy parecidas al bikini… Sí, lo sabemos, pero Réard lo repescó, lo patentó, lo divulgó y suyo es el mérito de extenderlo por Francia, un país que aceptó la nueva prenda con los brazos abiertos como un incontestable símbolo de libertad sexual. En el resto del mundo, tardaría por lo menos una década en ser asimilado.

Y Dios creó a la mujer (en bikini)

Pese al escándalo que provocó al principio, siendo prohibido en distintos países (como España, Portugal o Italia) y considerado inmoral para cualquier chica que se considerara a sí misma "decente", el bikini se fue extendiendo por las playas occidentales gracias al cine. Obviamente, hubo un antes y un después de Y Dios creó a la mujer (Roger Vadim, 1956) película en la que la actriz Brigitte Bardot apareció en bikini, convirtiéndose así en una de las mayores sex symbols de todos los tiempos.

Otras pioneras en el uso del bikini fueron Marilyn Monroe, que ya en su etapa de modelo posó en la playa con un coqueto pero atrevido bikini a rayas y luego hizo lo propio en su filme inacabado Something's got to give (1962), la hiperbólica playmate Jane Mansfield (y, con ella, todas las pin-ups del mundo) o Ursula Andress, primera chica Bond, con su bikini blanco con cuchillo incorporado en Agente 007 contra el Doctor No (Terence Young, 1962). Ellas demostraron a las chicas de la calle que lo único que podía pasar si te ponías un bikini es que los moscones te rodearan, sobre todo si llevabas un modelo de lycra, fibra flexible que apareció en 1960, ajustando aún más la tela bikinera sobre la anatomía femenina.

La fiebre del bikini también propició la aparición de un subgénero dentro del cine de serie B, las beach party movies, con títulos tan deliciosos como Bikini Beach o How to staff a beach bikini. Este tipo de cintas tienen sus herederas actuales en joyas incomprendidas como Operación bikini (Joel Silverman, 2005) cuyo argumento ("un grupo de supermodelos son enviadas a una isla tropical para una sesión de fotos y un asesino se cebará con ellas") no es más que una excusa para una inolvidable sucesión de despampanantes beldades en bikini.

España, que durante la revolución del bikini estaba en plena dictadura franquista, llegaría un poco tarde a la nueva moda: las mujeres celtibéricas se vieron obligadas a vestirse con bañadores de una pieza… hasta que el Ministerio de Información y Turismo empezó a permitir en los años 50 el uso de bikinis en las playas de Benidorm y Marbella, gracias a la insistencia de don Pedro Zaragoza (alcalde de Benidorm) que fue en moto a ver a Franco para pedirle permiso para permitir bikinis en sus playas porque se suponía que era "bueno para el turismo" y, por otro lado, del arcipreste marbellí Rodrigo Bocanegra que convenció al generalísimo que aquello del bikini no era ningún pecado.

De esta forma, España se puso en el mapa bikinero universal, llenando nuestras playas de suecas que lucían palmito para regocijo de los carpetovetónicos émulos de Alfredo Landa que pululaban por las playas españolas, devorando con los ojos a los monumentos extranjeros que tomaban el sol por estos lares, ante la mirada condenatoria de la mujeres autóctonas, que tardarían algo más en pasearse en bikini a la orilla del mar.

El bikini se nos queda grande

En la actualidad, el bikini hace tiempo que ha perdido su título de “traje de baño más pequeño jamás ideado”. Hoy, los diseñadores miran atrás y copietean los modelos clásicos de décadas anteriores (sobre todo 60, 70 y 80) o bien intentan reducir todo lo que pueden los centímetros cuadrados de tela, para que las chicas de la playa consigan su sueño dorado: enseñarlo absolutamente todo menos los labios vaginales y el esfínter anal.

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Entre las múltiples variantes del bikini que hoy podemos comer con los ojos en las playas, destacan las siguientes:

Monokini: viene a ser el bikini de toda la vida, pero sin parte de arriba, es decir, que la chica se queda en top-less. Fue inventado en 1964 en Australia por el diseñador Rudi Gernreich. En los años sesenta fue símbolo de la revolución sexual; hoy lo usan hasta las abuelas.

String bikini: también conocido como tanga-bikini, reduce notablemente la superficie cubierta por el bikini tradicional, con dos triangulitos unidos por unos finos cordones de tela. Fue una ocurrencia del diseñador brasileño Rose de Primo, aunque no sería oficialmente presentado hasta 1974 en Nueva Orleáns por el relaciones públicas Glen Tororich. Su uso se popularizaría en los años 90 y hoy es uno de los modelos más usados en las playas de todo el mundo.

Microkini: bastante más allá del tanga, nos encontramos con ésta, la mínima expresión del bikini, un string minimal cuyo único objetivo es cubrir (con suerte) los genitales femeninos. Su origen se remonta a principios de los años 70 en Venice Beach (California) donde, al ser prohibido el nudismo, las beach girls empezaron a hacerse minúsculos bikinis para enseñar todo lo que pudieran sin traspasar el límite de la legalidad.

Pubikini: otra creación del pícaro Rudi Gernreich, que consiste en un microkini que sólo cubre la zona vaginal, dejando el pubis al descubierto. Se trata de una variante extrema de bikini que pocas mujeres se atreven a usar y todas ellas, claro está, muy depiladas. Su uso está bastante extendido entre strippers, prostitutas, modelos eróticas y similares.

El tankini de Victoria

Victoria's Secret

Tankini: morbosa combinación entre parte de abajo de bikini y top con tirantes fino y ajustado con escote más o menos generoso. Aunque, al taparse el ombligo, se supone que es más recatado, de alguna manera realza las curvas y el cuerpo femenino, disparatando su sex appeal. Estuvo y está bastante de moda entre top models y actrices de cine que prefieren posar así que en bikini para sentirse un poco más elegantes.

Bikini deportivo: es muy parecido al normal, sólo que sacrifica parte de la estética en beneficio de la comodidad y la seguridad de su dinámica usuaria: la parte de arriba es más amplia y sujeta mejor los pechos. Fue popularizado en 1993, por la sport sex symbol y reina del voleyball Gabrielle Reece y, desde entonces, es esencial, sobre todo en campeonatos profesionales de voley-playa, aunque ya se ha extendido incluso al atletismo y otras disciplinas olímpicas.

Sling bikini: híbrido entre string bikini y bañador, que deconstruye éste último para enseñar la mayor cantidad de carne posible, cubriendo a duras penas los pezones, la vagina y el esfínter. En el mundillo del porno y en las playas californianas hace furor. Borat se lo puso para hacer el ganso y también le funcionó: no en vano es la típica prenda que,  puesta en un hombre, provoca carcajadas.

Burkini: versión musulmana del bikini que, al contrario que los demás modelos que hemos visto, intenta tapar la mayor cantidad posible de cuerpo, para que su usuaria pueda nadar tranquilamente sin miedo a que se le escape una teta o se le vise el vello púbico. Y es que, por no verse, no se ven ni las pantorrillas. Fabricado con poliéster, el birkini tapa todo menos la los pies, las manos y la cara: se parece al traje de neopreno que usan los submarinistas pero, además, incluye una túnica y una capuchita que se refuerza con un gorro de baño. El burkini, que se despacha en Woortman Sportswear  por un precio que oscila entre los 137’5 y los 150 euros, es el último grito en las playas árabes y, al parecer, se está vendiendo como churros este verano.

Bikini de diamantes: es el bikini más caro del mundo y cuesta 30 millones de dólares, ya que fue confeccionado con 150 diamantes de la más alta calidad incrustados sobre platino. El modelo aparece en el último número de la revista Sports Illustrated Swimmsuit Issue, publicación anual ahijada de Sports Illustrated consagrada a retratar top y supermodels en paños playeros. Por sus páginas han pasado y han posado todas: desde Cindy Crawford hasta Heidi Klum, pasando por Naomi Campbell, Tyra Banks o Elle McPherson, entre otras.

Pero ya basta de hablar de bikinis, ha llegado el momento de bajar a la playa, abrir bien las pupilas y contemplar la carne y la moda con nuestros propios ojos. Bikinis bajo el sol, sobre mujeres de todos los colores, pesos, tamaños, edades y razas.

Disfrutemos mientras podamos de las chicas playeras porque puede que algún día se cansen de sentir nuestras miradas y, como ocurría en la canción de los Cramps, se armen con metralletas para, sin tiempo ni ganas de quitarse los bikinis, iniciar la última y definitiva revolución sexual.

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