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Miércoles, 17 de marzo de 2010. Actualizado a las 01:13h | Madrid: 19º/2º el tiempo en Madrid

Historias del cómic

Valentina, la venus de los fetiches

Norma Editorial recopila en tomos de lujo las mejores historietas de la heroína erótica creada por Guido Crepax

  • Luis Landeira
  • ,
  • Madrid | 24/04/2008 | comentarios | Votar
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Lo mejor de Valentina

Norma Editorial Barcelona

Valentina Roselli marcó a varias generaciones de lectores con su exhibicionista belleza y sus incontables juegos sexuales, que iban desde la masturbación hasta el lesbianismo, pasando por el sadomasoquismo y todo tipo de fetichismos. Así, este personaje se convirtió en un icono erótico que, siguiendo los pasos de Barbarella, llevó al cómic la revolución sexual de los 60 y la ebullición de un nuevo eros lleno de magia e imaginación.

Creada por el arquitecto, historietista y grafista Guido Crepax (Milán, 1933-2003), Valentina apareció por primera vez en el número 2 de la revista Linus (1965), y en principio tenía un papel secundario: era la novia del crítico de arte e investigador Neutrón. En cuanto se dio cuenta de las infinitas posibilidades del personaje, Crepax pasó a Valentina a un primer plano y desarrolló todo su potencial, creando historietas de alto voltaje erótico y deslumbrante riqueza estilística y narrativa, aderezando las perversiones de su personaje con múltiples sofisticaciones gráficas y exquisitas influencias que iban del pop art al Art Nouveau, pasando por Freud, Sade, Lovecraft o Resnais.

Tras varios años de ausencia, Valentina vuelve ahora a las librerías españolas de la mano de Norma Editorial, que acaba de publicar el primero de cuatro tomos recopilatorios de periodicidad semestral, que en sus 280 páginas incluye una cuidada selección de las aventuras de la fotógrafa morena, supervisada por los herederos de su creador: según ellos, entre los más de 75 episodios que Crepax dibujó entre 1965 y 1995 estos son los que habría escogido el propio autor. Es decir, que resulta una edición tan recomendable para coleccionistas como para aquellos que se acerquen por primera vez al sensual universo de Valentina.

Belleza en blanco y negro

Para crear el cuerpo de Valentina, Guido Crepax se inspiró en su mujer y también en la famosa actriz de cine mudo Louise Brooks, otra auténtica sex symbol que puso de moda uno de los cortes de pelo más imitados de todos los tiempos. Pero Valentina era incluso más hermosa que la musa surrealista: tenía un cuerpo blanco y estilizado, unos labios rojos y carnosos, un hermoso trasero, unos pechos pequeños y redonditos y unas piernas largas y bien torneadas… Todo un derroche de belleza bidimensional que excitó a varias generaciones de lectores.

Con su lánguida palidez y su actitud sumisa, Valentina es uno de los seres más deliciosos que jamás se asomaron a una viñeta. La chica resulta tan hermosa desnuda como medio vestida, en ropa interior o con su fina piel adornada por esas botas de cuero y esos correajes que, al más puro estilo del Crazy Horse parisino, le dibujaba papá Guido.

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Para dotarla de más realismo, Crepax fijó la fecha de nacimiento de su criatura en el día de Navidad de 1942 y, tras hacerla envejecer poco y poco, como si fuera de carne y hueso, la mató en 1995, en su 53 cumpleaños, en una historieta con un título muy apropiado: Al diavolo Valentina! Porque, desde luego, la heroína de Crepax pegaba mucho más en el tórrido Infierno que en el melífluo Paraíso.

Mucho más que un cómic erótico

Aunque algunos se imaginarán a Guido Crepax como un siniestro sátiro con gabardina, nada más lejos de la realidad: el creador de Valentina fue un señor culto, tímido y casi siempre trajeado, un padre de familia con debilidad por la Nouvelle vague, por Einsestein y por el jazz. Aunque pertenecía a la refinada burguesía milanesa, sus inclinaciones ideológicas pasaban por el trotskismo, la Ilustración y… el feminismo, de ahí que no le gustara hablar de Valentina como de un simple personaje erótico: “No entiendo que las feministas criticaran mi trabajo, porque creo que en Valentina se defiende la emancipación de la mujer en todos los sentidos. Además de erotismo, en Valentina hay aventura, trabajo, problemas sentimentales y familiares y mucho más. Por eso me desagrada que haya gente que la ve sólo como una figura erótica”.

Dibujante diestro y narrador brillante, Crepax bordó unas asombrosas e hipnóticas puestas en página, jugando con el tamaño de las viñetas y sus múltiples combinaciones, con el montaje de estilo cinematográfico y con un inteligente uso de las palabras: no le importaba empachar sus dibujos con bocadillos de texto, pero tampoco diseñar páginas mudas llenas de imágenes que hablan por sí solas. El caso era seducir al lector, atraparlo en el maravilloso, onírico y morboso universo de Valentina.

Y, sin duda, lo consiguió. Prueba de ello es la notable influencia que su estilo ha tenido en autores como Milo Manara o Eleuteri Serpieri y el hecho de que, a pesar de haber dibujado muchas más historietas (no siempre eróticas) y creado otras heroínas del cómic "húmedo" (como Bianca, Anita o Belinda), ninguna de sus obras llegó tan lejos a nivel artístico y comercial como la dulce y perversa Valentina, una deslumbrante belleza de tinta y papel que se adelantó a su tiempo: en ella ya latía la mujer del siglo XXI.

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