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Sábado, 11 de febrero de 2012. Actualizado a las 14:12h | : el tiempo en

Latigazos de amor

Cómo romper las fronteras entre placer y dolor, de la mano de los lujosos y vistosos látigos de colas diseñados por Shiri Zinn

  • Luis Landeira
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  • Madrid | 07/04/2008 | comentarios | Votar
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La diseñadora inglesa Shiri Zinn crea los juguetes eróticos más sofisticados, caros y glamourosos del mercado. Sus objetos, que constituyen una incomparable mezcla de obra de arte, joya, accesorio de moda y producto de diseño, son coleccionados por celebrities como Kate Moss, Ivana Trump o Emma Bunton. Y su flamante colección de juguetes de cristal fue el primer artículo erótico vendido en tiendas mainstream como Selfridges & Liberty. Es un nuevo concepto: juguetes eróticos hechos por y para mujeres, que poseen tanto prestigio en el universo femenino como un bolso de Prada o un cinturón de Chanel.

Las joyas de la corona de Shiri son sus suaves floggers (látigos de colas) de un metro de largo. Quizás sean menos llamativos que Minx, el célebre vibrador con cola de pluma de marabú, pero resultan ideales para iniciarse en el morboso arte del latigazo suave, una disciplina que se ha establecido como subgénero erótico fundamental en muchos juegos de alcoba, saliendo por fin del gueto del BDSM. Con este tipo de látigos, el culito puede quedar un tanto enrojecido, pero es imposible llegar a hacerse daño.

Floggers de 200 euros

Entre los muchos modelos que integran el catálogo de Shiri, destaca una maravilla con mango de piel de cocodrilo tallada a mano y rematada con una bola de ébano: un detalle fálico que puede ser usado como dildo. La “melena” del látigo está compuesta por cerdas naturales trenzadas a mano. Cada pieza lleva número de serie y está firmada por la propia Shiri.

Tampoco es manco el modelo azul, cuyo mango está fabricado en finísima piel de serpiente italiana de color turquesa, acabado en una espectacular bola de plata con incrustaciones de cristales Swarovski (cortesía de la prestigiosa firma de alta joyería De Beers. Eso, por no hablar de la exquisita cola de femeninas trenzas, perfectas para castigar las nalgas con una suavidad deliciosa. El látigo se completa con una (opcional) plataforma de plata esterlina fabricada por los responsables de los trofeos del Monte Carlo Grand Prix.

Los modelos de Shiri Zinn, cada uno con su número de serie y la firma de la autora, están a la venta en su página web a un precio que ronda los 200 euros. También pueden conseguirse a través de sex shops de lujo: por ejemplo, están disponibles en el catálogo de la web británica Flirty Or Dirty.

Los siete secretos del látigo

Ahora que ya tenemos el instrumental, podemos pasar a la acción, teniendo en cuenta las siguientes claves esenciales:

Inmovilidad: El azotado o azotada debe estarse quieto, para que no haya errores de cálculo. Si se mueve mucho, lo ideal es atarlo antes de empezar la sesión. Las zonas más placenteras para azotar dependen un poco de las preferencias del sumiso, pero las más habituales son las nalgas, la espalda, las piernas, los pechos y el torax. Si se va a flagelar la espalda, mejor que esté desnuda y no demasiado arqueada, para proteger las partes más sensibles.

Precalentamiento: No es recomendable empezar a azotar así por las buenas. Es preciso cierto precalentamiento, que se consigue rozando la espalda, las nalgas o la zona que se vaya a "trabajar" con las puntas de las colas del látigo, para que el cuerpo de la persona sumisa vaya liberando endorfinas y poniéndose a tono. Luego se puede empezar a pegar con suavidad, acariciando la zona "castigada" con la mano después de cada azote. Cuando la piel esté roja y caliente, es síntoma inequívoco de que el cuerpo sumiso pide más fuerza.

Empuñadura: El que flagela debe de empuñar el látigo como si fuera una raqueta de tenis, con la mano firme, pero el brazo y la muñeca relajados.

Limpieza: Los floggers, al ser cortos y repartir el golpe entre varias colas, son ideales para ser utilizados con personas; aún así, el azote debe ser limpio y rápido. Sólo las colas, nunca el mango, deben castigar al sumiso.

Distancia: La hormigueante sensación de dolor en el cuerpo receptor aumentará o disminuirá según la distancia a la que se azote: si se roza la piel con las puntas de las colas, se producirá un ligero ardor, pero si se azota desde menos distancia, se irá incrementando el grado de escozor.

Técnica: Hay que pegar con lentitud, espaciando los latigazos, para darle tiempo al sumiso a disfrutar y asimilar la sensación. No siempre se debe dar en el mismo sitio, pero sí en la misma zona, cambiando de tercio cuando se consume la satisfacción.

Ritmo: Debe ser constante, para producir un efecto hipnótico en la mente del azotado. Eso sí, se puede acelerar o ralentizar después de una pausa o cuando se pasa a una nueva parte del cuerpo.

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