La reina del softcore
ADN.es Madrid
Seiscientos millones de personas, aproximadamente, han visto Emmanuelle (Just Jaekin, 1974) el mítico filme porno softcore que narra las hazañas lúbricas de una recién casada en Bankok, de la mano de un hombre maduro y una bella adolescente, y que incluía escenas de adulterio consentido, exóticos tríos y lésbicos o sexo en el lavabo de un avión. Por primera vez, un mito erótico era compartido por hombres y mujeres.
Pero lo que de verdad pasó a la historia fue la imagen de Sylvia Kristel (Utrech, 1952) sentada en su trono de bambú , con pelo corto, piernas semicruzadas, vestido blanco abierto y pechos al aire adornados por un collar de perlas. Ninguna foto representa mejor el erotismo de la época: si los 50 fueron de Marilyn y los 60 de la Bardot, los 70 pertenecieron, sin duda, a Emmanuelle.
Emmanuelle era frígida
Sylvia Kristel, que hasta ahora sólo había enseñado su deslumbrante epidermis, hace un verdadero striptease interior en sus memorias, tituladas Undressing Emmanuelle, en las que la actriz destapa su corazón para dejar brotar todas sus intimidades y recuerdos. Entre otras cosas, nos enteramos de que la mujer que encarnó a Emmanuelle siempre arrastró un problema de frigidez, como consecuencia de una estricta educación religiosa y una traumática violación sufrida a los 9 años. Sus amantes, confiesa Kristel, siempre le echaron en cara su pasividad en la cama.
Su anorgasmia e insensibilidad no impidieron que Kristel bordara papeles eróticos en decenas de películas, ni tampoco que se metiera en la cama de un buen montón de hombres, entre ellos el ex marido de Brigitte Bardot Jaques Charrier, el director Roger Vadim y actores como Gerard Depardieu o Warren Beatty.
Un fenómeno de masas
Tras un tiempo ganando concursos como modelo y algún pinito como actriz, Kristel rodó Emmanuelle en 1974 y el éxito la sacudió como una descarga eléctrica. La repercusión del filme fue tan grande que su protagonista se convirtió en un fenómeno social. Su aspecto de chica hermosa y desinhibida pero, aún así, frágil, vulnerable, estilizada y muy femenina, marcó unos años en los que la aburrida burguesía occidental necesitaba abrirse a nuevas experiencias carnales... aunque sólo fuera a través de la ficción.
Emmanuelle batió records de taquilla, permaneciendo 13 años en la cartelera parisina y obligando a muchos españoles a viajar a Perpignan o a Toulouse para ver a Sylvia Kristel entregándose a elegantes guarrerías, inspiradas en la (casi autobiográfica) novela de Emmanuelle Arsan, seudónimo de la esposa de un diplomático francés de la UNESCO.
¿Machista o feminista?
El feminismo nunca se aclaró con respecto a Emmanuelle: mientras las feministas japonesas la veían como un símbolo de la liberación de la mujer, por la escena en la que hace el amor sobre su marido, las norteamericanas la consideraban una cómplice del fundador de PlayboyHugh Hefner, por representar a la mujer como un objeto sexual.
Lo cierto es que el personaje de Emmanuelle se comió a la actriz Sylvia Kristel, y ya era imposible para ella aparecer en ninguna película "seria" sin que el espectador exclamara: “¡Mira, Emmanuelle!”. Por consiguiente, fue encasillada en papeles eróticos, primero secuelas de Emmanuelle (como Emmanuelle 2: la antivirgen o Adiós Emmanuelle) y luego turbias sexplitation movies que pasaron sin pena ni gloria.
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Kristel intentó hacer cine “no erótico” e incluso rodó La mujer fiel (Roger Vadim, 1976) o Alicia o la última fuga (Claude Chabrol, 1977) pero ya era imposible para ella ser una actriz normal: “Intente hacer películas vestida, pero la gente prefería verme desnuda”, reconoce en sus memorias. Ella, que entonces estaba casada con Hugo Claus (un escritor belga que podía ser su padre) y tenía un hijo, no dejaba de repetir que ella NO era Emmanuelle. Pero nadie la creía.
El crepúsculo de un mito erótico
En los 80, con la invasión de las tetas king size y el surgimiento de nuevas sex symbols, como Samantha Fox, la leyenda de Kristel empezó a decaer. Por un lado, hizo algunos filmes populares, pero poco prestigiosos, como la versión cinematográfica de la serie Get Smart, titulada El disparatado Superagente 86; por otro, empezó a ahogar sus frustraciones en alcohol y cocaína, una droga que le descubrió su amante Ian McShane.
En los 90, Sylvia era una adicta que sólo hacía películas de serie B y cameos en oscuras secuelas de la serie Emmanuelle. Consumía tal cantidad de coca que estuvo a punto de arruinarse y tuvo que dejar su vicio cuando su contable le dio un ultimátum: “La casa o la coca”. La actriz tuvo que someterse a un duro proceso de desintoxicación, que superó con éxito.
Hoy, tras vencer al cáncer y a la droga, Kristel lleva una vida tranquila: se dedica a la pintura y vive de alquiler en un apartamento de Amsterdam, mientras paga las deudas de su último marido, el productor radiofónico Fred De Vree. Pese a sus arrugas, la actriz de Emmanuelle conserva su dulce sonrisa y su seductora mirada.
Su cortometraje de animación Topor et moi fue premiado el año pasado en el festival de cine de Tribeca. Y ella aún sueña con que, algún día, se reconozca su trabajo como actriz. Eso sí, pasa de la cirugía estética y se muestra encantada con su cuerpo de más de medio siglo: “He sobrevivido. Mi piel es blanca, mis ojos son gris verdoso y mi nariz es impecable. Más de uno incluso me encontrará atractiva”.
Las otras Emmanuelles
Pero, aunque ella no lo crea, de algún modo, el trabajo de Sylvia Kristel ya ha sido reconocido: Emmanuelle es una leyenda inmortal, un icono erótico que se estudiará en los libros de historia.
No en vano, se han hecho más de 30 películas con este personaje, ya interpretado por otras actrices más jóvenes y adecuadas al gusto de los tiempos. Desde Emmanuelle en Venecia (1993) hasta la reciente Emmanuelle contra Drácula (2004), perteneciente a la colección de Private y rodada en video digital.
Actrices como Marcela Walerstein, Krista Allen, Monique Gabrielle, Natalie Uher o Nastasja Vermeer han intentado reencarnar al personaje de Emmanuelle. Pero ninguna ha logrado superar a la mujer de la silla de mimbre y el collar de perlas, que nos mira con un deseo fingido que oculta una imperturbable frigidez. Ninguna ha logrado superar a la dulce y enigmática Sylvia Kristel, sex symbol a su pesar.





