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ADN.es / Elecciones 2008

Sábado, 21 de noviembre de 2009. Actualizado a las 10:21h | : el tiempo en

Elecciones en EEUU

El secreto de Michelle Obama

Cuando conoció a su marido, ella era abogada y él becario. Incluso ahora, gana más que él como 'pez gordo' en el sistema hospitalario de Chicago | Franca, abierta y cargada de opiniones, Michelle es el motor de la candidatura de su marido y el vector que le conecta con los afroamericanos y la clase trabajadora | Su forma de expresarse la ha metido en más de un lío y, llegue o no llegue a la Casa Blanca, ya ha dejado huella

Barack Obama y su mujer, Michelle, en Raleigh, Carolina del Norte, el 6 de mayo.

AFP

Michelle Obama no quiere ser una primera dama decoradora como Jackie Kennedy ni la guardiana del Despacho Oval como fue Nancy Reagan ni tampoco seguirá los pasos de Hillary Clinton y hará política desde la Casa Blanca si su marido gana las elecciones presidenciales de Estados Unidos.

Ejecutiva, moderna, madre de niñas pequeñas, aprovecha todos los días su cercanía física, intelectual y espiritual con el candidato demócrata para hacer de 'bombero' y apagarle los humos de grandeza que le rondan la cabeza. "Eres maravilloso y tienes muchas cosas extraordinarias... pero al final eres un hombre y como todos ellos no eres perfecto, Barack". Franca, divertida, con una lengua que cuesta a veces atar, Michelle LaVaughn Robinson Obama, de 44 años, pone a su familia en el primer lugar de su vida y Barack Obama está hoy donde está gracias a que ella le ha autorizado ser aspirante a la presidencia. La decisión final de presentarse como candidato fue de los dos y se tomó hace dos años después de que se resolvieran los asuntos que ella tenía en mente: la seguridad de su marido, su máxima preocupación, y la forma en la que cambiarán sus vidas.

"Yo no debería estar aquí, tan cerca de quizás convertir me en la próxima Primera Dama, porque soy una chica de clase medi abaja de Chicago, a la que dijeron en muchas ocasiones que no hiciera esto o aquello porque no era para mí". Por eso desoyó los consejos de sus profesores de la escuela pública del Sur de Chicago y a pesar de que tenía unas notas nada espectaculares decidió enviar su currículo a la universidad de Princeton, una de las más blancas y exquisitas de Estados Unidos y de la que se graduó en Sociología, en 1985.

La señora Obama se siente orgullosa de ser una representante de las madres multitaskers, ésas que tienen hijos, trabajan, van al supermercado, no descuidan a sus padres y tienen tiempo para comprarse ropa, mantenerse en forma y almorzar con sus amigas y salir al cine con ellas. La carrera electoral le ha hecho depender cada vez más de su madre, la abuela Marian, de 70 años, para cuidar a sus hijas y ella dedica tres días a la semana a hacer campaña con su marido. Pero antes de meterse "en este lío de la política que tanto detesto", como ha declarado, tuvo que trabajar muchas horas como abogada después de lograr su título de Derecho en la universidad de Harvard para pagarla deuda que acumuló durante sus años universitarios o para comprar su primera casa.

Ahora, y gracias a los libros que ha escrito su marido y a su salario anual de 210.000 dólares como gerente de un hospital de Chicago, ya no tienen deudas y residen en una inmensa vivienda de 1,6 millones de dólares.

Antes, ahora y asegura que después, si llega a vivir en el 1600 de Pennsylvania Avenue la que es una madre normal como otra cualquiera que se encarga de hacer los deberes por la noche con sus hijas y que tiene que pasar el fin de semana acompañándolas alas clases de jazz, alas lecciones de natación y al mall a comprar ropa. Y trabajar y hacer la colada y levantarse alas cuatro y media de la mañana todos los días para mantenerse en forma y muerzos profesionales o la pésima dieta que debe seguir estos días al lado de su marido se acumulen en sus glúteos y en su estómago. Con su experiencia como madre, esposa y ejecutiva se ha ganado entre los asesores de su marido el mote de "the closer" porque ella con sus argumentos ante las mujeres es la que pone punto final a las dudas sobre si el candidato Obama escuchará cuando esté en la Casa Blanca las aspiraciones de las féminas estadounidenses.

'Multimadre' trabajadora

"Acabo todos los días agotada y rendida y lo único que quiero es acostar a mis hijas tomarme una copa de vino y meterme en la cama. Mi familia para mí es lo primero porque si no podemos criar a nuestros hijos y darles una vida saludable, cómo los ciudadanos pueden confiar en nosotros para solucionarlos problemas del mundo". Durante los últimos meses se ha acostumbrado a que cualquier comentario que sale de sus labios se convierte en noticia y en motivo de polémica. Como cuando aseguró que "por vez primera en mi vida adulta siento orgullo de ser norteamericana" y fue atacada por los más conservadores por antipatriota.

También fue criticada cuando comentó que "Barack puede pensar lo que quiera sobre si desea que Hillary sea su vicepresidenta. Pero yo tendré que pensármelo un poco", ha dicho de la rival de su marido ala que tomado una especial antipatía en los últimos meses. Especialmente por retratar a ambos como elitistas que no saben lo que tienen que pasar los norteamericanos de clases medias. "Nosotros somos gente normal y no unos marcianos que hemos vivido siempre con una cuchara de plata en nuestras bocas. Yo nací en una diminuta casa de Chicago y tuve que esforzarme mucho para estudiar y llegar a donde estoy hoy", contesta.

Una de sus grandes decepciones es que no haya más mujeres que voten por su marido y que hasta ahora hayan elegido a la senadora Clinton como su más fiel defensora como demuestran las encuestas que dan a la ex primera dama una ventaja de un 60 % contra un 40% de Obama cuando son las norteamericanas las que eligen a su candidato favorito. Después de 15 años de matrimonio el hombre que quiere ser el líder del mundo libre reconoce con valentía que es un prisionero. "Ella me dice lo que tengo que hacer y lo hago con placer. Porque generalmente las cosas salen bien", asegura él.

LA RAÍZ DE OBAMA

De cómo Michelle descubrió su 'negritud' en Princeton

En su tesis 'Los negros educados en Princeton y la comunidad negra' escribió que "mis experiencias en Princeton han hecho que note más que nunca mi 'negritud' y he descubierto que no importa lo liberales o lo abiertos de mente hacía mí que sean algunos de mis profesores y compañeros blancos porque en ocasiones me siento como un visitante en formara parte de ella. Para muchos blancos en Princeton parece que siempre seré primero negra y segundo una estudiante y estas experiencias me han demostrado que mi intento de asimilarme a la cultura ya la estructura social blanca sólo me permitirán permanecer en la periferia sin convertirme nunca en una participante completa".

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