Aspecto que presentaba este mes de marzo el río Llobregat hoy a su paso por Sant Boi de Llobregat
EFE Barcelona
"No ha habido trasvase del Ebro ni lo habrá". Con estas palabras zanjaba la vicepresidenta primera del Gobierno en funciones, María Teresa Fernández de la Vega la discusión sobre un posible trasvase de agua del río Segre, afluente del Ebro, al Llobregat para hacer frente a la sequía que amenaza a Cataluña.
El "Gobierno no se opone con carácter general a los trasvases", sino a los "trasvases de agua que resultan insostenibles desde el punto de vista económico, social y medioambiental", aseguraba el pasado viernes De la Vega tras el Consejo de Ministros.
La tajante negativa de la vicepresidenta se producía el mismo día en que la ministra de Medio Ambiente en funciones, Cristina Narbona, se mostraba dispuesta a estudiar "una captación puntual de agua de la cuenca del Segre hacia el Llobregat" aunque aseguraba no haber recibido ninguna petición formal por parte de la Generalitat.
El Gobierno catalán contempla la captación "puntual" de agua del río Segre si persiste la sequía ya que la Generalitat no quiere "quitársela a nadie". En este sentido, el conseller de Medio Ambiente, Francesc Baltasar, ha afirmado este domingo que "no puede creer" que la postura expresada por la vicepresidenta del Gobierno contra el trasvase del Segre sea "razonada, clara y estable".
El conseller ha indicado que este lunes mantendrá un intercambio de opiniones al respecto en el encuentro que tiene previsto celebrar con su homóloga del Gobierno, Cristina Narbona.
También ha censurado las palabras de De la Vega, el presidente de ICV, Joan Saura, "Absolutamente irresponsable", "frívola" y de una "enorme deslealtad", calificó la negación del Gobierno central al trasvase del afluente del Ebro.
Saura consideró las palabras de la vicepresidenta de "cierta traición" y las atribuyó a "intereses partidistas y electorales". A juicio de Saura, "problemas" con el PP no pueden negar esta opción "realista" para Catalunya.
Por ello, anunció que el diputado de ICV en el Congreso de los Diputados Joan Herrera preguntará al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en su debate de investidura "qué soluciones propone para que 4 ó 5 millones de ciudadanos no sufran restricciones de agua" si no llueve hasta octubre.
Las reservas de agua de Cataluña se han quedado al 20% después del invierno, la mitad que el año pasado, aunque las lluvias y la nieve de las últimas semanas han librado a Barcelona de la sequía hasta después del verano.
El proyecto de trasvase
El informe técnico sobre el trasvase del río Segre que ha elaborado la Agencia Catalana del Agua (ACA) propone que las obras empiecen "alrededor del 15 de abril", para que estén listas a mediados de otoño, lo que supone iniciar las mismas antes de la aprobación del decreto ley que requiere el proyecto.
El cumplimiento de este calendario obligaría a empezar los trabajos en poco más de dos semanas, algo que parece improbable si se tiene en cuenta que el actual Gobierno está en funciones y que no habría tiempo suficiente para aprobar el real decreto ley que requieren las obras y que tendría que ser convalidado por el Congreso y la Confederación Hidrográfica del Ebro.
En una primera fase se captaría el agua en Isòvol mediante bombas de impulsión y posteriormente se construiría la cañería que transportaría los recursos hasta la boca norte del túnel del Cadí.
Una tubería de 4,3 kilómetros transportaría el agua a lo largo de los también 4,3 kilómetros del túnel del Cadí y la llevarían después hasta el río Gréixer, afluente del Llobregat.
Todos los elementos hidráulicos, de transporte y de seguridad instalados, apunta el informe, "serán desmantelados una vez se desactive el auxilio desde el Segre" para, posteriormente, ser reutilizados en otras obras a ejecutar, bien sea por la Agencia Catalana del Agua, Aguas Ter-Llobregat o por otras redes de abastecimiento en alta en Cataluña.
El estudio técnico detalla asimismo que el volumen anual transferido al Llobregat en ningún caso será mayor de 45 hectómetros cúbicos, garantizando siempre un caudal mínimo del Segre en el punto de captación de 1,1 metros cúbicos por segundo.





