En los alrededores del Parque Lineal de Albacete, cuando llega el calor, es fácil ver grupos de subsaharianos charlando de sus cosas, jóvenes antisistema tomando una cerveza o madres primerizas paseando a sus bebés. Si caminas unos metros, por los aledaños de la catedral, un anciano comparte banco con un gay que charla por teléfono, mientras que un cultureta ayuda a una joven en silla de ruedas a subir a la acera.
La diversidad es, de un tiempo a esta parte, una de las principales características de la sociedad albaceteña. Hace un lustro, Ecologistas en Acción, asociaciones de vecinos y el actual alcalde, Manuel Pérez Castell, se percataron de esta realidad y vieron la necesidad de crear mecanismos que respondiesen a las necesidades de todos. La solución la hallaron en la participación ciudadana y, más concretamente, en la experiencia participativa puesta en marcha en la ciudad brasileña de Porto Alegre .
Influencia presupuestaria
"No se trataba sólo de que los vecinos dijeran qué había que mejorar, sino que además debían poder priorizar e influir en los presupuestos municipales", explica Francisco Ramírez, miembro del Foro desde sus inicios en representación del sindicato UGT.
El Consejo se creó en representación de todos
Para que todos se sintieran representados, los fundadores del proyecto idearon un instrumento, el Consejo de Presupuestos Participativos, basado en dos grandes pilares: el primero debía reunir a representantes de asociaciones culturales, educativas, de consumidores, de discapacitados, inmigrantes, antiglobalización, sindicatos,mayores, juventud, etc. Y, en definitiva, de todos los ámbitos que componían el crisol social albaceteño; el segundo soporte debía agrupar a las influyentes federaciones de vecinos —concretamente 26, con tres representantes cada una—.
"Esta herramienta funciona durante todo el año y controla todas las decisiones", matiza Ramírez.
Solución a la lejanía
El Consejo, cuyo principal objetivo es recopilar y unificar las propuestas de los ciudadanos, ha creado tres canales fundamentales de comunicación con los ciudadanos: encuestas, buzoneo y acceso a través de la web. "Recibimos en torno a 2.000 propuestas de los vecinos que, homogeneizadas, se quedan en unas 180 [...], todo debe ser aprobado por la asamblea", asegura Ramírez.
Las peticiones pasan directamente a los servicios técnicos municipales de cada área que, tras un estudio exhaustivo, las devuelven diciendo si son o no viables. Las que reciben luz verde pasan entonces a los concejales quienes, tras la negociación con el Consejo de Presupuestos, las incluirán en los presupuestos del ejercicio siguiente.
"Este sistema influye en un 30 o 40% de los presupuestos", calcula Ramírez, quien ve en este sistema una solución contra la lejanía entre políticos y ciudadanos: "Este sistema es cómodo para quienes dirigen, que sólo tienen que escuchar las necesidades de la gente y ponerles solución", concluye.




