Un carril bici en Sevilla, cerca de la Plaza de Armas.
M. de T. Sevilla
Sevilla pretende ser el modelo español de democracia participativa. "Primero fue Albacete, luego Córdoba, ahora la gente interesada en el tema va a visitar Sevilla", dice Carmen Pineda, consultora de participación ciudadana. La capital andaluza tiene argumentos para defender su imagen: allí, desde hace cuatro años, cada uno de los 700.000 habitantes -si cumple 16 años- puede votar y decidir el destino de un 25% de las inversiones municipales.
La democracia participativa, tal y como se vive en Sevilla, exige tiempo y dedicación. El municipio se ha dividido en 15 zonas, cada una alrededor de un centro cívico. En cada área los ciudadanos que lo desean constituyen una asamblea. Ésta se reúne en tres ocasiones: la sesión de febrero sirve para debatir y votar el auto-reglamento,que fija los estatutos. En junio se adoptan los proyectos, sus característicasy su financiación. Finalmente, en octubre, los ciudadanos evalúan el estado de las medidas.
Paula Garvin era concejala de Participación Ciudadana cuando empezó el proyecto. Recuerda su lanzamiento. "Al principio la idea vino de Urbanismo, luego la hemos extendido poco a poco a otros sectores de la acciónpública", explica la edil de Izquierda Unida.
"Los ediles pensaban que iba a ser un caos"
De hecho, no siempre ha sido fácil ampliar el modelo e integrar más ámbitos de competencias. "El problema principal es la voluntadpolítica", afirma Francisco Sierra Caballero, el decano de la facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, asociada desde el principio a los presupuestos participativos.
Dicho de otro modo, hay que convencer a cada concejal paraque abandone parte de sus prerrogativas y deje a ciudadanos de a pie tomar las decisiones. Garvin dice que los concejales de IU, más entusiasmados, tuvieron que convencer a sus colegas del PSOE: "Pensaban que iba a ser un caos",recuerda con una sonrisa.
El resultado no ha sido caótico. A lo mejor porque laparticipación tampoco ha alcanzado cifras impresionantes. Unos 9.000 sevillanos han asistido a las asambleas populares, según los datos del Ayuntamiento.Bertrán Pérez, concejal del PP y responsable de la participación ciudadana,menciona incluso cifras inferiores: "Los niveles de participación se quedan enun 0,5%" y saca de ello una conclusión contundente: "El modelo de Sevilla es un modelo fracasado", dice Pérez. El concejal critica también el coste ("más de 100 millones de pesetas al año") del proyecto y dice que "obvia la representación vecinal".
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Los vecinos han optado por inversiones que el Ayuntamiento no contemplaba
Por su parte, Carmen Pineda, quien no esconde su entusiasmo respecto a la democracia participativa, reconoce que "el problema de laparticipación es que necesita más tiempo para adoptar las decisiones". Aunque inmediatamente, añade: "Pero después, al ser decisiones consensuadas, se ejecutan más rápidamente".
Los vecinos han adoptado proyectos que el equipo municipal ni siquiera se había planteado. Quizás el ejemplo más visible sea el de los carriles bici. Lo menciona José María Trillo Figueroa, uno de los miembros de las asambleas. En 2003, no había ninguno. Ahora, Sevilla se dispone a convertirse en una de las ciudades mejor equipadas.
Por su parte, Carmela Gálvez se queda con los Puntos deInformación a la Mujer (PIM). Gálvez es presidenta del colectivo Ciudadanas y ha utilizado el dispositivo participativo para hacer valer más rápidamente las reivindicaciones de su organización. Pero el sistema sevillano tiene mecanismos que impiden que un colectivo utilice las asambleas para financiar proyectos privados. Por ejemplo, los PIM eran una reivindicación de Ciudadanas, pero en virtud del auto-reglamento, no habrían podido instalarse si no beneficiaran al conjunto de la población sevillana.
Ahora el Ayuntamiento de Sevilla quiere ir a más: más participantes, más presupuestos, más áreas controladas por los ciudadanos y más comunicación.


