Era un secreto a voces, pero consiguieron salvar las apariencias hasta después de la segunda vuelta de las elecciones legislativas. El primer secretario del Partido Socialista francés (PS), François Hollande, y la candidata de esta formación en las últimas elecciones presidenciales, Ségolène Royal, ya no están juntos. Y Ségolène pide que los periodistas ya no llamen a François "su compañero", dado que "ya no es el caso".
Royal despidió a Hollande "como un presidente despide a su primer ministro"
Como lo resumen Raphaëlle Bacqué y Ariane Chemin, periodistas en Le Monde y autoras de La femme fatale, el libro que desveló la crisis sentimental de la pareja, Royal despidió a Hollande "como un presidente despide a su primer ministro". "He solicitado a François que abandone el domicilio común y que viva su propia vida sentimental", dijo. "Le deseo que sea feliz. Hemos quedado en buenos términos, nos hablamos, hay respeto mutuo".
Hollande añadió que la ruptura, después de 30 años de vida común y cuatro hijos juntos, "no tendrá consecuencias políticas". Pero Royal ya ha desmentido las palabras de Hollande. Hizo sus declaraciones cuando ella quería, una vez terminado el ciclo electoral, para no desviar la atención de su programa político. Eligió a dos periodistas de la agencia France Presse, Christine Courcol et Thierry Masure, y decidió la forma de publicarlas: un libro de análisis de la campaña socialista, Les coulisses d'une défaite (Los bastidores de una derrota). Y en la misma publicación, también anunció que quiere hacerse con el liderazgo del partido, o sea, ocupar el puesto de su... ex compañero.
El plan de comunicación casi funcionó a la perfección. La noticia oficial sólo se aireó un par de días antes de lo previsto, algunas horas después del cierre de las urnas, en la noche del domingo.
"Lo importante es el desacuerdo político, no el tema sentimental", dice el politólogo Rémi Lefebvre
¿Ha sido una jugada maestra? Rémi Lefebvre, profesor de ciencias políticas en Lille (norte de Francia), no lo tiene tan claro. Con ese anuncio, "Royal clarifica un poco las cosas, y en términos políticos, ataca directamente a la dirección del partido", explica por teléfono. "Pero lo importante es el desacuerdo político", no los altibajos sentimentales, insiste el politólogo. "Hollande ha desempeñado su papel de jefe del partido", es decir, él le recordaba la ortodoxia cuando ella se apartaba del programa oficial.
“Royal ha construido su legitimidad fuera del partido, o, al menos, lejos de el”, explica Lefebvre. Royal no es ninguna novata en política, ya era asesora del presidente François Mitterrand en 1981; pero nunca se ha interesado por las corrientes internas del partido.
Lefebvre sí conoce los entresijos del Partido Socialista. “Está dividido, es una formación estructuralmente indisciplinada”. El PS tendrá que elegir sus alianzas: a su izquierda, con el debilitado Partido Comunista, o a su derecha, con el centrista Movimiento Demócrata (MoDem) de François Bayrou, quien se hizo con la tercera plaza en la carrera presidencial. La alianza del centroizquierda con el centro es la que beneficiaría a Royal, quien dio señales de complicidad con Bayrou entre las dos vueltas de las presidenciales. “Hoy un acercamiento al Modem es la opción más probable, pero también es arriesgada, necesitaría romper con una parte del partido”.
A Royal, y a los otros candidatos a la dirección del partido –sus rivales en las primarias, Dominique Strauss-Kahn, Laurent Fabius, y quizás el popular alcalde de París, Bertrand Delanöe-, les queda un año para convencer a sus militantes y hacerse con el PS: en 2008, Hollande no pedirá otro mandato de primer secretario. De momento, los sondeos señalan que Royal es la preferida de los simpatizantes. “Los simpatizantes no son los mismos que los militantes”, matiza Lefebvre. “Todo dependerá de la interpretación que hacen de la derrota”; en función de ese análisis, se moverán las líneas políticas, a favor o en contra de Ségolène Royal.

