Un empleado del hotel Taj iza una bandera en la entrada principal.
EFE Bombay, India
Bombay, ciudad portuaria y centro de negocios de India, trata de recuperar la calma tras la masacre terrorista que se inició la noche del pasado miércoles, causando la muerte de 183 personas y heridas a unas 300, y que ya le ha costado el cargo al ministro del Interior, Shivraj Patil.
Los comercios de la turística zona situada en torno al lujoso hotel Taj, uno de los epicentros del atentado, empezaban hoy a abrir sus puertas, aunque la afluencia de lugareños era menor de la habitual.
Incluso en el bar Leopold, otro de los recintos atacados en la lengua peninsular del sur de Bombay, su dueño se atrevió a levantar las persianas durante unos momentos por la mañana, aunque durante el resto del día ha permanecido cerrado, con velas y flores en su fachada en recuerdo de las víctimas. "Teníamos que abrirlo a toda costa. Tenemos que enseñar [a los terroristas] que hemos ganado nosotros y no ellos", ha afirmado el propietario del café, Farzad Jehani, según la agencia PTI.
"Estamos indignados pero no asustados", ha declarado sobre los atentados el presidente de Tata, Ratan Tata, propietario del hotel Taj. En una entrevista con la CNN que han recogido los medios indios, Tata ha afirmado que los terroristas "parecían conocer [el hotel] de día y de noche".
"Parecían haber planeado sus movimientos muy bien y parece que hubo mucha planificación", ha reconocido, dando pábulo a las versiones policiales que apuntan a que los terroristas se alojaron en una de las habitaciones antes de los atentados.
"No descartamos la participación de otros grupos"
Mientras la capital financiera de la India intenta despertar de la pesadilla, los medios siguen especulando sobre la autoría y los detalles de los atentados. En una entrevista con Efe, el subjefe de operaciones especiales de la Policía de Bombay, Amar Jadhav, ha confirmado que diez terroristas, llegados en barcas neumáticas, atacaron dos hoteles de lujo, el centro judío Nariman, un hospital y la estación de trenes Victoria divididos en "cuatro grupos".
"La Guardia Nacional de Seguridad llegó al lugar un día después", ha afirmado, sentado en su despacho, el alto cargo policial para justificar el caos de los primeros momentos. "La policía ayudó también, junto a los guardias de las fronteras marítimos, y puso a disposición de la Guardia Nacional todos los recursos necesarios", ha detallado.
Dos de los terroristas murieron a manos de la policía, mientras que siete fueron abatidos por las fuerzas de elite (tres en el hotel Taj, dos en el hotel Oberoi-Trident y dos en el recinto judío), y uno de ellos fue detenido, según su reconstrucción de los hechos.
Se trata de Ajmal Amin Kasab, de origen paquistaní y que ya ha confesado su pertenencia al grupo islamista Lashkar-e-Toiba, que lucha por la independencia de la Cachemira india. "Podría ser una mentira. No descartamos la participación de otros grupos, de un nuevo movimiento, del ISI [servicios secretos paquistaníes] o de alguna célula de Al Qaeda", ha apuntado Jadhav.
Enlaces recomendados
El mando policial ha insistido en que la inteligencia india aún no ha aclarado si los terroristas llegaron en un pesquero procedente de la ciudad portuaria paquistaní de Karachi ni tampoco si reservaron habitaciones en el Taj, aunque sí ha confirmado que había varios explosivos dentro del hotel. "El objetivo era sembrar el pánico en la ciudad, se cebaron con los agentes. Bombay es un centro financiero y el efecto mediático es mayor", ha argumentado.
Escenario de conflictos
Pero el sentir de los ciudadanos es que se podría haber hecho algo más para evitar los atentados. "La gente está enfadada y asustada. Es el ataque más terrible que ha sufrido esta ciudad", ha declarado a Efe el dueño de un pequeño establecimiento, Kamal Punjabi.
"Tenemos miedo. No podemos confiar en la seguridad que nos ofrecen las autoridades. Y no es la primera vez", ha lamentado otro ciudadano de Bombay, Sanjiv Kumar.
La dinámica urbe costera no es sólo un escaparate para los terroristas, que han llevado a cabo contra ella varios atentados salvajes, sino que ha sido escenario de frecuentes conflictos entre comunidades.
A la demolición de la mezquita de Babri en 1992 por parte de integristas hindúes, que argumentaban que estaba construida sobre un antiguo templo hindú, le siguió como aparente respuesta en 1993 la muerte de 257 personas por la explosión de una serie de bombas colocadas por terroristas islámicos en puntos estratégicos de Bombay como la Bolsa, hoteles y mercados populosos.
Un nuevo atentado tuvo lugar en 2003, con 52 muertos, y hace tan sólo dos años 185 personas perdieron la vida a causa de una cadena de explosiones en vagones de trenes suburbanos.
Bombay, con una gran población de fe islámica, está gobernada por el partido extremista hindú Shiv Sena (Ejército de Shiva), cuyos líderes han sido acusados de incitar a la violencia contra inmigrantes de las regiones más pobres de la India.





