Roberto Saviano
Reuters
Roberto Saviano vive, a sus 29 años, permanentemente rodeado de varios escoltas y con el ojo puesto en la última página del calendario. La Camorra ha asegurado que lo matará antes de Navidad por haber publicado Gomorra, un reportaje novelado que revela los tejemanejes de la mafia napolitana.
El escritor, nacido en Nápoles, sostuvo hasta hace poco que no tenía sentido dejar su país tras las amenazas de muerte, pero las presiones le han forzado a replantearse su intención y tal vez a dejar en breve su país en busca de un anonimato menos claustrofóbico en el extranjero. Se llevará, al menos, 250.000 firmas de apoyo de personas de todo pelaje, por no hablar de la adhesión de seis premios Nobel, entre ellos Dario Fo y Günter Grass, quienes pidieron al Estado italiano que lo proteja y se afane en la lucha contra la organización criminal.
Saviano les agradeció su respaldo en una carta publicada en La Repubblica, que organizó una campaña a la que se sumaron artistas, políticos, intelectuales y galardonados por la Academia Sueca. Tampocó se olvidó de citar a policía, redes sociales e instituciones. "Mi país ya no es sólo una entidad geográfica sino el conjunto de hombres y mujeres que han decidido resistir, mutar y participar, cada uno haciendo bien lo que sabe hacer".
Gracias, decía también Saviano, a los que sintieron como propio su dolor, a los que se pusieron en su piel para imaginarse la dentellada de la soledad. Entre ellos, Salvatore Borsellino, hermano de Paolo, el juez que se rebeló contra la mafia siciliana hasta que un coche bomba se lo llevó por delante. Él y ocho firmas más le reconocieron como digno sucesor del magistrado. "Quizás por primera vez existe en nuestro país un símbolo y un objetivo común, que refuerza el sentido del sacrificio y de la herencia de Giovanni Falcone, Paolo Borsellino, Antonino Scopelliti y Peppe Diana".
La importancia de la novela
El autor de esta historia real novelada, objeto de lecturas públicas en varias localidades italianas, debe dormir en un cuartel cuando visita su ciudad natal por cuestiones de seguridad. Un libro puede cambiar la vida de una persona, pero en su caso también distorsionarla: todo lo experimentado hasta el momento forma parte de un tiempo pretérito, remoto, inaccesible, sin vuelta atrás. Gomorra, la reveladora obra de Saviano, ha cavado su propio destierro.
El escritor napolitano, también colaborador del semanario L'Espresso, se atrevió a explicarle al mundo la podredumbre de un sistema donde la corrupción y la cosa pública caminan de la mano, consciente de que la mafia no olvida ni perdona, pero quién sabe si sabedor de que esos centenares de páginas iban a suponer para él un punto de no retorno. No podrá volver a tomarse una caña con parsimonia en una terraza. Tampoco pasear por el parque con un viejo amigo de la infancia. Está surcado por los círculos de la diana estampada por la Camorra en su propia cabeza, cuyo precio cotiza al alza.
Apunta en La Repubblica Sandro Bondi, ministro de Bienes Culturales, que el mérito de Saviano no ha sido escribir sobre un tema tabú en Italia, algo que ya han hecho otros escritores y periodistas, sino aventarlo a los cuatro puntos cardinales, de manera que en cualquier esquina del planeta fuese conocido el cáncer que atenaza a todos los estamentos de la sociedad trasalpina.
Así, además del aliento que ha recibido en casa de sindicatos estudiantiles creados ex profeso o de la invitación de los parlamentarios para visitar la Cámara de los Diputados, las muestras de solidaridad han llegado del exterior: desde los Writers in Prison (Escritores en Prisión) del PEN Club hasta la Academia Sueca, que le ha brindado la oportunidad de impartir una conferencia y, si fuese posible, mantener una charla con Salman Rushdie.

Si bien en la esfera pública y manifiesta el autor ha cosechado elogios, muchos lectores anónimos de medios digitales afines al primer ministro, Silvio Berlusconi, han enviado comentarios críticos. De frente y sin pelos en la lengua, el polémico Emilio Fede, mano derecha catódica de Il Cavaliere (vídeo en italiano). A su vez, Il Giornale, de inspiración berlusconiana, considera desproporcionada la repercusión del libro y la proyección mediática del autor. Il Foglio de Giulio Ferrara tampoco se calla.
"Saviano y la Camorra se han convertido, como los judíos y la shoah, en intocables. Imposible lanzar la más velada de las críticas. Por una parte, serías considerado un antisemita. Por otra, un envidioso por su éxito (en el mejor de los casos) o un partidario de la mafia (en el peor). En público se habla de él sólo para glorificarlo. En privado, sin embargo, como sucede siempre en estos casos, la gente se desahoga", asegura Luigi Mascheroni en el periódico milanés.
Camorra y Gomorra
Tampoco han reaccionado de la misma manera todos los políticos italianos tras las amenazas de muerte del clan de los Casalesi. Algunos le han quitado hierro al asunto y criticado su flamante condición de icono de la anticorrupción, diciendo que el escritor no era ni debía ser considerado un héroe. Su tesis se basaba en que otros ciudadanos son y fueron víctimas de la Camorra sin que sus nombres trascendiesen más allá de la página de sucesos de un periódico.
Pero su mérito no ha consistido sólo en blandir el arma de la palabra y asestarle un golpe bajo a la Camorra, sino también en concienciar a la sociedad, más allá de la península italiana, de sus perniciosas actividades. Así, el modus operandi de la mafia ya ha podido ser leído en 33 idiomas en infinidad de países. En boca de Bondi: "Ha interpretado una época o un hecho de manera absoluta. Ha bastado una nueva palabra, gomorra, para iluminar una realidad que todos conocíamos pero que nadie se había atrevido a llamarla por su nombre".
Foto del graffiti: La Repubblica


