Jóvenes asesinos en masa
ADN.es
Psicólogos, sociólogos y periodistas se estrujan los sesos después de cada matanza en las aulas para trazar un retrato psicológico de los adolescentes que cometen asesinatos en masa, en cuya macabra galería de personajes acaba de entrar Matti Juhani Saari, el chaval de 22 años que mató a nueve compañeros y un profesor en un centro de enseñanza finlandés antes de acabar con su propia vida.
Otra cosa es determinar, antes de que cometan los crímenes, qué jóvenes podrían atiborrarse de ira y armas para sembrar el caos y la muerte en su colegio o instituto. ¿Es realmente posible detectar a los chavales que podrían llegar a apretar el gatillo?
Algunos expertos aseguran que cada vez están más cerca de poder analizar las causas que llevan a una persona a cometer ese tipo de crímenes para así prevenirlos, pero otros se muestran escépticos e insisten en la normalidad de los criminales, en su similitud con las personas pacíficas y en la ausencia de rasgos predictores de ese tipo de comportamientos. Teniendo en cuenta la disparidad de opiniones y la complejidad (y, prácticamente, imposibilidad) para localizar en el centro de enseñanza al potencial asesino, vayamos con los posibles indicadores.
"Hay que estar alerta desde que son pequeños", advierte el especialista en psicología clínica Andrés Cuartero. "Cuando un niño repite ciertos actos agresivos, se divierte de manera reiterada con juegos violentos, sus temas de conversación y sus relatos siempre tiene un contenido relacionado con la muerte y comenta en internet lo que sería capaz de hacer, está dándonos pistas sobre futuros comportamientos. Habría que intervenir para prevenirlos".
Cuartero pone como ejemplo el niño que juega con cerillas y el pirómano. "¿Quién no ha sentido fascinación por el fuego y se ha puesto a jugar con una caja de fósforos? Muchos, pero eso dura poco. Ahora bien, si al cabo de los años sigue sintiendo fascinación por el fuego, nos encontramos ante una persona que podría acabar generando problemas y provocando incendios. Lo mismo sucede con los menores agresivos, aunque cuando se les reprime o les hacemos ver que las consecuencias pueden ser graves, desisten de sus actos".
En ese sentido, el psicólogo educativo Jesús Ramírez recuerda que las medidas disuasorias ayudarían a evitar los comportamientos violentos: "Si supiesen que su delito no va a quedar impune y se van a tener que enfrentarse a la cárcel, se lo pensarían dos veces". También ayudaría, según los expertos consultados por ADN.es, que el acceso a las armas de fuego no fuese tan fácil como en Estados Unidos o Finlandia, dos escenarios de recientes carnicerías en las aulas.
Eso no significa que, por ejemplo, en España estemos exentos de ese tipo de acciones sangrientas. "Ni muchísimo menos. Puede ocurrir en cualquier momento y en cualquier país del mundo. Aquí no tenemos porque librarnos de eso, aunque los jóvenes tengan mayor dificultad para encontrar armas", indica Ramírez.
Programas de prevención
"La fascinación por la violencia suele dejar pistas, aunque son halladas a posteriori", prosigue Cuartero. "Debería haber programas de detección temprana de niños violentos en escuelas e institutos para actuar de forma preventiva", aconseja este psicólogo, consciente de que no hay una causa única a la hora de decidirse a empuñar un arma y disparar contra los compañeros, sino la suma de muchas. En todo caso, reiteran, la violencia les atrae. Y también les engancha. "La adrenalina les mantiene activados y hasta les proporciona cierto placer".
Ya trazamos aquí su perfil, pero convendría estar atentos a sus videojuegos preferidos y a las webs que visitan. "Muchos sienten una fascinación por ellos y por la violencia, en la que se quedan atrapados, lo cual no significa que todos sean asesinos potenciales, ni mucho menos", aclara Cuartero.
"No es fácil determinar qué jóvenes podrían llevar a cabo un asesinato en masa, pero hay señales. Estaríamos hablando de chavales que tienen unos rasgos de personalidad bastante marcados, con un psicoticismo elevado y una extraversión marcada, además de una experiencia previa negativa", reconoce Ramírez. Podrían ser, incluso, víctimas agresivas que sufrieron bullying, es decir, acoso escolar.
Niño maltratado, ¿asesino potencial?
"Son chavales que han sufrido en sus carnes el maltrato hasta que de repente explotan y, en lugar de suicidarse, atacan a la comunidad escolar, que es la que le ha hecho daño a ellos", añade este especialista. ¿Pero puede una víctima de bullying acosar o asesinar en el futuro? "Exactamente. Se da más de lo que creemos. Sin llegar al crimen o al asesinato masivo, he conocido a niños que se sentían agredidos o atacados utilizar esa agresividad para pegar a otros compañeros. Pero localizar a asesinos en masa es francamente difícil, porque potenciales hay muchos, pero muy pocos o ninguno llegan a la acción".
Manuel Martín Serrano, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense, refuerza esa opinión: "Es difícil distinguir entre alguien que mañana va a cometer un crimen y quien está jugando con manifestaciones extrañas o vinculadas a prácticas violentas. Hay cosas que, a posteriori, parece que tienen que ver con sus comportamientos, pero no los explican. Tampoco podemos andar por ahí diciendo que una persona con ciertos rasgos va a ser un potencial asesino. Tiene que haber algo más detrás: trastornos psíquicos, enfermedades mentales...".
Mitomanía y ultraviolencia virtual
Serrano, quien señala un mecanismo de mitomanía "muy considerable" en Matti Juhani Saari, carga contra los medios de comunicación, que tendrían buena parte de culpa. "Crean un contexto que convierte en normal y productivo la agresión. Así, para ellos la violencia pasaría a ser algo inevitable y eficaz, porque se consiguen cosas, como el respeto de los demás".Y no podríamos olvidarnos de los videojuegos, añade el sociólogo.
"Los videojuegos de temática ultraviolenta tienen unas consecuencias de lo más lesivas, sobre todo a una edad temprana. Pueden tener una relación muy importante con el incremento de estos episodios", asegura Serrano. "Es más, han superado en capacidad nociva para llevar a comportamientos violentos a los medios audiovisuales, lo cual ya es decir...".


