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La antorcha olímpica recorrió en 2008 más de 137.000 kilómetros, pulverizando el récord alcanzado hace cuatro años en Atenas. Y por primera vez en su historia, la llama fue apagada, en París, por opositores políticos e incluso tuvo una rival mediática, la llamada antorcha tibetana de la libertad. El símbolo más reconocible de los Juegos Olímpicos es el fiel reflejo de la inédita controversia política que acompaña la 29ª edición, organizada en la capital del gigante económico, demográfico y político del momento, China.
No es la primera vez que la mezcla entre política y deporte provoca un intenso debate sobre la oportunidad de participar en los Juegos: su celebración en el Berlín de Hitler en 1936, en el México represivo de 1968, en el Moscú del totalitarismo soviético de 1980 y en 1984 en Estados Unidos, representante del otro bloque de la guerra fría, generaron protestas y boicoteos.
Internet y la coalición de los opositores
Con todo, a diferencia de las ediciones anteriores, Pekín 2008 ha suscitado una amplia coalición de críticos del país anfitrión, por su violación de los derechos humanos, su represión de la rebelión en el Tíbet, su apoyo tácito a los regímenes de Birmania y Sudán, o el poco caso que hace de la protección medioambiental.
Internet y redes sociales como Facebook también han permitido coordinar unos movimientos de protestas heterogéneos; asimismo, han ofrecido a los defensores de los Juegos una plataforma para replicar, como por ejemplo la web anti-cnn.com, que pretende restablecer la verdad sobre China, supuestamente alterada por los medios de comunicación occidentales.
A diez días de la inauguración, éstos son los principales motivos esgrimidos por ONG, Gobiernos y manifestantes individuales para que los países no participen en esta edición de los Juegos.
Derechos humanos
La primera crítica dirigida al régimen comunista es de orden interno. La ONG Amnistía Internacional, que elabora cada año informes sobre el respeto de las libertades individuales a través del mundo, ha centrado su crítica en cuatro aspectos: la represión de activistas, la detención sin juicio, la censura y la pena de muerte.
La asociación denuncia la persecución de militantes pro derechos humanos por "algunos delitos vagamente definidos como “separatismo”, “subversión”, “perturbación del orden público” y “filtración de secretos de Estado”; recuerda que China encabeza la lista de países que utilizan la pena de muerte, y que la aplica "por unos 68 delitos, entre ellos delitos no violentos como fraude fiscal, malversación, aceptación de sobornos y algunos delitos relacionados con las drogas".
Amnistía Internacional, que rechazó una campaña de comunicación que juzgó demasiado dura, no pide un boicoteo sino que quiere aprovechar el acontecimiento para "generar un legado positivo de derechos humanos para el pueblo de China". Estas precauciones no impidieron el bloqueo de su página web por Pekín.
Censura y libertad de prensa
Aunque figura entre los derechos humanos fundamentales, la libertad de expresión y de prensa ha merecido un trato especial, sobre todo por el activismo de la asociación Reporteros Sin Fronteras, que consiguió difundir su imagen ya famosa de los anillos olímpicos transformados en esposas de presos. RSF, que califica a China de "mayor cárcel del mundo para periodistas e internautas", recuerda por ejemplo que, 19 años después de la masacre, Pekín -ahora ayudado por Google- sigue censurando la matanza de entre 400 y 2.000 manifestantes pacíficos en la plaza de Tiananmen.
Represión en el Tíbet
Los activistas a favor de una mayor autonomía para el Tíbet llevan décadas protestando, pero la celebración del mayor acontecimiento deportivo mundial les ha permitido acceder a los medios de comunicación internacionales. Pese a la defensa de Pekín 2008 por el propio Dalai Lama, hacía años que los reporteros no habían hablado tanto de la denuncia de la colonización de la región por los chinos de etnia Jan y la violación de los derechos de los tibetanos.
Birmania y Darfur
La política internacional de China, el país más poblado del mundo, con armamento nuclear y asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, también es mirada con lupa en vísperas de los Juegos. Los observadores internacionales coinciden en responsabilizar a China de la tibieza de la respuesta de la comunidad internacional a la represión de la Revolución Azafrán en Birmania.
Asimismo, la preocupación de China por sus intereses económicos en Sudán ha sido muy criticada mientras la ONU acusa al jefe del Estado africano, Omar al Bashir, de genocidio en la región de Darfur. Grupos como Sueño Olímpico por Darfur tratan de aprovechar los Juegos para denunciar la situación.
Contaminación
Finalmente, la elección de Pekín ha sido criticada por la alta contaminación de la ciudad. La Organización Mundial de la Salud llegó a advertir de los efectos de la polución del aire sobre la salud de los deportistas y los espectadores.
Por otra parte, la negativa de China a sumarse a los compromisos internacionales para reducir sus emisiones de CO2 es para los activistas medioambientales una contradicción con el premio internacional que es conseguir la organización de los Juegos.
¿Se puede boicotear a China?
Después de las primeras amenazas de un posible boicoteo, varios jefes de Estado anunciaron que finalmente sí participarían en los Juegos y en la ceremonia de inauguración. El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, esperó casi hasta el último momento para confirmar su presencia. El presidente de Francia y de la Unión Europea para este semestre, Nicolas Sarkozy, justificó algunos días después ante el Parlamento Europeo su decisión de acudir a Pekín.
En cambio, al menos dos dirigentes mantuvieron firme su compromiso de dejar su silla vacía el día de la inauguración: el primer ministro británico, Gordon Brown, y la canciller alemana, Angela Merkel, aunque ésta precisó que no se trataba de una opción política. En cuanto al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, alegó "problemas de agenda" para evitar estar en Pekín el 8 de agosto.
Estos malabares diplomáticos responden a una doble lectura de la realidad polítca: si gran parte de la opinión pública parece defender un boicot de los Juegos o de la ceremonia de apertura -así lo defiende por ejemplo un 73% de los usuarios de ADN.es- también resulta difícil boicotear el país con el cuarto PIB del mundo y que emerge como rival político de EEUU; o, como dijo más diplomáticamente Sarkozy ante la Eurocámara, "No se puede boicotear a un cuarto de la humanidad".




