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ADN.es / Mundo

Martes, 14 de febrero de 2012. Actualizado a las 01:20h | : el tiempo en

Clinton y Obama entran en la guerra de las cifras

El senador por Illinois cuenta con la mayoría de los delegados electos mientras que su rival reivindica el mayor número de votos | 200 de los 800 superdelegados aún no se han decidido y Hillary quiere oficializar el voto de Florida y Michigan

  • EFE / ADN.es
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  • Washington / Madrid | 21/05/2008 | comentarios | Votar
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Hillary Clinton y Barack Obama.

Agencias

Barack Obama ha ganado la mayoría de delegados electos, Hillary Clinton dice tener más voto popular, los superdelegados no acaban de decidirse y todavía no está claro qué pasará con las votaciones de Florida y Michigan. Ese es el berenjenal en el que se encuentra el Partido Demócrata, víctima en gran medida de sus propias y complicadas normas.

A dos semanas de que acabe el proceso de primarias, Obama dice tener la victoria al alcance de la mano pero todavía no la ha acabado de amarrar. Clinton, mientras tanto, no da el brazo a torcer y ha reinventado las matemáticas electorales con cifras de su propia cosecha.

Florida y Michigan 

Es decir, donde la mayoría dice que son necesarios 2.026 delegados para ganar la candidatura presidencial demócrata, ella sostiene que son 2.210. El cálculo de Hillary incorpora los resultados en Florida y Michigan, penalizados por el partido sin representación tras haber adelantado la fecha de sus primarias.

Esos dos Estados darían a la senadora, según su campaña, ventaja en el voto popular, lo que según ella debería de ser el argumento a considerar por la elite del partido a la hora de dar el espaldarazo definitivo a uno de los dos candidatos en liza.

El voto popular

El llamado voto popular, la suma de todos los votos individuales, es un argumento relativamente débil en EEUU. Si la saga de las primarias tiene tantos episodios, es precisamente porque lo que más importa es la decisión de cada uno de los 50 Estados -tomada por sufragio universal en cada Estado-, antes que la opinión del conjunto de los 300 millones de habitantes.

El Partido Demócrata, mientras tanto, ve los toros desde la barrera, mientras se prepara para una difícil reunión a finales de mayo en la que tendrá que decidir cómo solucionar el contencioso de Florida y Michigan.

Los superdelegados 

Pocos son los que aventuran un golpe de suerte que cambie la que se presenta como adversa fortuna de Clinton, pero mientras no se solucionen los interrogantes pendientes la senadora dice estar dispuesta a jugar sus últimas cartas.

Su principal argumento ante los jerarcas del partido, el selecto club de alrededor de 800 personalidades y funcionarios electos al que se conoce como superdelegados, es que ella tiene más posibilidades de vencer al candidato republicano John McCain en noviembre.

Alrededor de 200 de esos 800 superdelegados todavía no se han decidido y dado lo ajustado de la campaña serán ellos los que este año tengan la última palabra en la carrera por la candidatura presidencial demócrata.

Obama, mientras tanto, tiene las matemáticas y el viento a su favor y parece convencido de que la candidatura caerá inexorablemente en sus manos. A diferencia de Clinton, que tiene la mirada puesta en el presente, él mira claramente a las presidenciales del 4 de noviembre, al convertir a McCain en el centro de todos sus ataques.

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