Cartel publiciatario de la nueva campaña de la firma de moda Nolita.
EFE
El martes recibió el visto bueno en Francia una proposición de ley que convierte la incitación a la anorexia en un delito, punible con una pena de prisión.
El texto, dirigido en particular contra los sitios de internet que alientan a la "delgadez excesiva", fue adoptado apenas una semana después de que representantes del mundo de la moda, la publicidad y la comunicación y el Ministerio de Sanidad firmaran un código de buena conducta, voluntario, para combatir la anorexia.
Se calcula que esta enfermedad afecta a entre 30.000 y 40.000 personas en Francia.
El hecho de "provocar" a una persona a que busque "una delgadez excesiva", "alentando restricciones alimentarias prolongadas cuyo efecto la expone a un peligro de muerte o compromete directamente su salud", es punible con una pena máxima de dos años de prisión y una multa de 30.000 euros, reza la proposición de ley.
En caso de que la incitación a la anorexia lleve a la muerte, entonces el castigo se eleva a tres años de prisión y 45.000 euros de multa, indica el texto, que ahora deberá ser aprobada por el Senado.
La ministra de Sanidad, Roselyne Bachelot, expresó su apoyo a la proposición de ley, al intervenir en la apertura del examen del texto, y arremetió en particular contra los sitios "pro-ana" (pro anorexia) dirigidos a las jóvenes y que difunden "mensajes de muerte".
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Más concienciación
Isabelle Caro padece anorexia desde hace 15 años, pesa 31 kilos y tiene la piel dañada por la soriasis. Ella ha sido la imagen de la última campaña del fotógrafo Oliviero Toscani para la firma de ropa Nolita, de la compañía Flash&Partners.
La intención de Toscani, célebre con sus polémicas campañas para Benetton, es "usar ese cuerpo desnudo para mostrar a todo el mundo la realidad de esa enfermedad, causada en muchos casos por los estereotipos impuestos por el mundo de la moda".
La campaña de Nolita se estrenó el pasado septiembre en Italia. "Me quiero mostrar sin miedo, incluso sabiendo que mi cuerpo es repugnante", reconoció Isabelle, su protagonista, a Vanity Fair.





