Amnistía Internacional denuncia desde su web casos de ejecuciones por pena de muerte a enfermos mentales. Según la ONG, "desde que se reanudaron las ejecuciones en Estados Unidos en 1977 hasta diciembre de 2007 habían sido ejecutadas en Estados Unidos 1.099 personas". Al parecer, al menos 100 de estas personas, más de un 9%, padecían enfermedades o problemas mentales graves, bien antes de los delitos por los que fueron condenadas a muerte, bien en el momento de su ejecución. En algunos casos la enfermedad mental era hereditaria, en otros el diagnóstico fue de trastornos mentales causados por terribles malos tratos en la infancia, la violencia carcelaria o sus experiencias como soldados enviados a combatir por su gobierno.
La organización asegura que, en algunos casos, "la razón de estas enfermedades mentales eran consecuencia los años vividos en el corredor de la muerte, o por otro lado pudieron pronunciar los que ya tenían". Entre las personas que han retirado sus apelaciones y dado "consentimiento" a su propia ejecución, hay varias con enfermedades mentales. En algunos casos hubo serias dudas sobre la aptitud del procesado para ser juzgado, si entendía realmente la naturaleza y la gravedad de las actuaciones que se seguían contra él o tenía capacidad para colaborar en su defensa.
Amnistía denuncia que existen dudas en ciertos casos sobre "la aptitud del procesado para declararse culpable o renunciar al abogado del juicio y a defenderse a sí mismo"; de hecho, aseguran, algunos procesados con enfermedad mental han pedido la pena de muerte en lo que parece ser un intento de suicidio.
En el informe de Amnistía Internacional Estados Unidos: la ejecución de personas con enfermedad mental, hecho público a finales de enero de 2006, se incluye un listado ilustrativo de 100 hombres y mujeres con algún tipo de enfermedad mental, que han sido ejecutados en Estados Unidos. Sin embargo, es imposible saber cuántas personas con problemas mentales graves están condenadas a muerte o han sido ejecutadas.
El caso de Scott Panetti
Un caso representativo es el de Scott Panetti, condenado a muerte en Texas en 1995 por haber matado a sus suegros en 1992. Amnistía expone que, incluso antes del delito, ya tenía un largo y documentado historial de hospitalizaciones por problemas mentales, incluida esquizofrenia, debido a los cuales sufría alucinaciones visuales y auditivas. Según Amnistía Internacional, Panetti renunció a su derecho a un abogado y se defendió a sí mismo en el juicio vestido de cowboy. Numerosas personas, incluidos abogados, médicos y testigos, calificaron el juicio de "farsa", "burla", "broma" y "circo".
El 28 de junio de 2007, la Corte Suprema de Estados Unidos aprobó una resolución que impidió la ejecución de Scott Panetti. En la resolución se definía con mayor precisión el criterio para determinar si una persona reclusa está mentalmente enferma desde un punto de vista legal. Al hacerlo, la ONG entiende que el tribunal reconocía también la dificultad de formular un juicio al respecto.
Amnistía internacional exige a Estados Unidos abolir la pena de muerte y, "como primer paso mínimo, debe librarse de uno de los aspectos más vergonzosos de este castigo indecente: la ejecución de personas con enfermedades mentales".

