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AFP Gainsborough
Los laboristas liderados por Gordon Brown nunca se han merecido tanto su nombre. El Gobierno británico quiere forzar a 1,9 millones de desempleados a trabajar, so pena de perder sus ayudas públicas.
David Freud, encargado por el Ejecutivo de preparar "la mayor reforma del Estado de Bienestar de los últimos 60 años", ya ha hecho sus cálculos: entre los 2,7 millones de personas que se benefician de subsidios por su supuesta incapacidad, sólo los conservarán unas 900.000, según recoge el diario The Daily Telegraph.
Aunque el mercado laboral británico es conocido por su flexibilidad, el sistema de ayudas frente al paro es particularmente generoso. Después de cotizar en la seguridad social durante un año, los ciudadanos del Reino Unido pueden recibir ayudas (prestaciones económicas, así como casas pagadas por los poderes públicos, en algunos casos) sin demostrar que están buscando un empleo. Si declaran que no encuentran trabajo, tampoco están obligados a aceptar ofertas, al contrario de lo que ocurre en España.
"Beveridge en el siglo XXI"
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El Gobierno quiere acabar con esas ventajas, y ya ha elegido el método: el gabinete anunciará este jueves una privatización encubierta del sistema de búsqueda de empleo, según revela el rotativo. Los poderes públicos pagarán hasta 50.000 libras (unos 66.000 euros) a empresas privadas para que ellas encuentren ofertas a los desempleados. Quien rechace una entrevista tendrá sus ayudas suprimidas.
"Por primera vez en la historia del Estado de Bienestar, decimos que el hombre de Whitehall [la calle de Londres donde se encuentran los principales Ministerios] no es el mejor indicado cuando se trata de obtener resultados. Compañías especializadas, que son los expertos, serán recompensadas por sus resultados. Si lo consiguen, se quedarán con el contrato y les pagaremos. Si no lo logran, otra compañía podrá pujar por ello", detalla un funcionario a The Daily Telegraph.
Este Big Bang social ya se preparó bajo el Gobierno de Blair, pero los ministros pensaron que la sociedad británica no estaba dispuesta a aceptar tales cambios. Ahora sí defienden lo que presentan como la introducción de "Beveridge en el siglo XXI", según apuntan desde el Ministerio de Trabajo.





