La imagen maldita del periodista "elitista, mujeriego, alcohólico, misántropo" se ha repetido sin cesar en películas, reportajes y biografías. Alimentada, reconoce Jon Sistiaga, por algunos de los interesados. Pero existe algo más grave que la creación interesada de ese personaje: convertirse en él.
Los dos periodistas de guerra Jon Sistiaga y David Beriain -periodistas a secas según el primero- mantuvieron una conversación, hilada con las preguntas de los lectores, sobre el periodismo y la vida (que es lo mismo) frente a las cámaras de ADNtv.
Las cosas han cambiado mucho y las vacas sagradas van escaseando. Esos periodistas que "se lo beben todo y además no les afecta" se van quedando atrás y es probable que, según Beriain, ya hablen otro lenguaje. "Somos tipos normales que consideramos que ir a cubrir un conflicto es una soberana putada", asegura Sistiaga.
Dos generaciones separadas por diez años de abismo tecnológico
Las nuevas tecnologías lo cambian todo. Ahora las primicias lo son más porque es casi imposible conseguirlas: siempre hay alguien grabando. Según Beriain "se utilizan para contar más historias pero no para contarlas mejor. En el tiempo de la prisa el que va despacio triunfa". En esto coinciden ambos periodistas: "No tiene objeto ya ser el primero en llegar a los sitios. Hay demasiada gente. Demasiados medios y demasiada rapidez en transmitirlo todo", añade Sistiaga.
Hay una pregunta que surge naturalmente al hablar con uno de estos periodistas: ¿Cómo consigues mantenerte al margen? No lo hacen. Beriain no cree en los periodistas fríos y calculadores: "Cuando consigues que te duela pero que no te paralice la gente lo nota, frente a los periodistas más fríos de la cifra, del puro dato".
Sistiaga recurre a la metáfora de la frontera, un límite moral al que "hay que asomarse pero que no hay que cruzar".
Pese al aspecto decidido y tranquilo de su discurso, los dos reconocen que, cuando la luz se apaga, aparecen los fantasmas.
David Beriain es enviado especial de ADN.es y escribe en su blog En Pie de Guerra.




