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ADN.es / Mundo

Viernes, 20 de noviembre de 2009. Actualizado a las 21:43h | : el tiempo en

Revolución azafrán

La religión sacude los cimientos del poder en Myanmar, la antigua Birmania. Miles de personas, azuzadas por la oposición y apoyadas por los monjes budistas, han salido a las calles para protestar contra el régimen dictatorial que gobierna desde 1988

Myanmar se ha teñido de color azafrán este mes. Los monjes budistas, ataviados con sus características túnicas, se han manifestado masivamente en las calles de varias ciudades de la antigua Birmania. Apoyan así a gran parte de la población civil y a la oposición, asfixiadas por un régimen dictatorial que dura ya demasiado tiempo.Ayer, la Junta Militar cumplió sus amenazas y arremetió contra los manifestantes. Los enfrentamientos dejaron un saldo de al menos cinco muertos y decenas de heridos. La paz no pudo vencer a la violencia.

¿Cuál es el origen del conflicto?

En 1948, el Reino Unido concedió la independencia a Birmania, que se convirtió en feudo comunista. El modelo democrático incipiente se truncó en 1962, cuando un golpe de Estado militar inauguró una etapa de represión que dura ya 45 años. Desde entonces, se han sucedido gobiernos de juntas militares. La última llegó al poder por la fuerza en 1988 y cambió el nombre del país: de Birmania pasó a llamarse Unión de Myanmar.

¿Quién planta cara al Gobierno?

Con más de cien grupos étnicos y lingüísticos diferentes, la Junta Militar ha justificado su poder en la continuidad de la unidad nacional. En 1990, las presiones forzaron la convocatoria de elecciones. Ganó la Liga Nacional para la Democracia, liderada por la opositora Aung San Suu Kyi. Sin embargo, el Gobierno se negó a reconocer su victoria y la condenó a arresto domiciliario. No es la única. La ONG Amnistía Internacional denuncia que en la actualidad hay 1.100 prisioneros políticos, y el régimen persigue sin cuartel a los disidentes.

¿Cómo empezó la revuelta?Myanmar es el país más pobre del sureste asiático. La situación desesperada de gran parte de sus habitantes provocó en agosto una serie de revueltas contra la subida del precio de los productos básicos. La oposición movía los hilos, y dio el pistoletazo de salida a un movimiento social que ha centrado la atención internacional en el represivo gobierno de la Junta Militar.

¿Qué papel juegan los monjes?

Los monjes budistas son una institución que provoca verdadera devoción entre la población birmana y que marca las pautas del comportamiento social. Este mes, durante varios días consecutivos, han tomado el mando de las protestas -las mayores de las últimas décadas- y han apretado las tuercas al régimen militar.Varias manifestaciones organizadas en distintas ciudades del país han conseguido movilizar, de forma pacífica, a unas 300.000 personas. Sin embargo, Daniel Gomà, investigador visitante del Weatherhead East Asian Institute de la Universidad de Columbia (Nueva York), es reacio a usar el término revolución. "Las protestas no tienen reivindicaciones políticas", dijo ayer a ADN. "Y además, el régimen sigue teniendo las bases sólidas".

¿Cómo se disolvieron las protestas?

La Junta Militar no ha cambiado su forma de actuar. En 1998, la represión de unas protestas similares a las de estos días acabaron con unos 3.000 muertos. Ayer, la dictadura volvió a hacer alarde de su fuerza y arremetió violentamente contra los manifestantes. Hubo al menos cinco muertos -tres de ellos monjes- y decenas de heridos. La llamada Revolución del Azafrán quedó sofocada.

¿Qué países son amigos y cuáles enemigos?

Rubén Campos, experto en Asia Meridional y el Sureste Asiático, escribe en la web Safe Democracy sobre la política internacional desplegada contra al régimen dictatorial de Myanmar. "Estados Unidos, la Unión Europea y Japón han abanderado una política de sanciones diplomáticas y económicas crecientes para el país", dice en un artículo. El martes, el presidente de EE UU, George W. Bush, anunció mayores sanciones contra el Gobierno de Myanmar. Algo contraproducente, según afirma Gomà. "El bloqueo comercial y este tipo de castigos sólo sirven para incrementar el sufrimiento de la población civil. La Junta Militar desoye a todos los actores internacionales". Entonces, ¿cómo acabar con el conflicto? Gomà tiene claro que hay que involucrar a China y a Rusia, los mayores socios comerciales de Myanmar. Y Zigor Aldama, corresponsal en Extremo Oriente, desconfía de las iniciativas que no cuenten con el consenso de la ONU. Lo mismo cree Mark Farmaner, director de Burma Campaign, una campaña con sede en Londres que trabaja por instaurar la democracia en el país asiático.

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