Los líderes de 154 países hablan del cambio climático y todos exponen con detalles su visión del problema y las medidas que ha tomado su Gobierno para limitar los efectos. Pero las posiciones de las decenas de responsables políticos y ponientes no gubernamentales reunidos en conferencia de la ONU sobre el calentamiento global forman un abánico muy amplio. En Nueva York conviven posturas alarmistas y negaciones de datos científicos.
Los críticos
Como anfitrión del encuentro, el secretario general de la ONU ha dado el tono. Ban Ki-moon no quiere que el debate sea sobre el diagnóstico, sino que se apliquen los remedios. "Ya no hay lugar para las dudas", ha sentenciado, "hay una advertencia sobre el cambio climático vinculado directamente a la actividad humana. Sabemos suficiente para actuar y tenemos tecnologías para tratar el problema. Lo que no tenemos es tiempo".
En el grupo de los más pesimistas no hay muchos políticos en funciones, tal vez porque si vinieran con un discurso demasiado pesimista se les podría reprochar su inacción. Pero si no dirigen su país, porque ya lo han dejado o porque no lo han conseguido, entonces sí alzan la voz.
Uno de los más contundentes es el estadounidense Al Gore. El ex vicepresidente y ex candidato en las elecciones presidenciales ha repetido ante los lideres mundiales el discurso que ya ha difundido a millones de ciudadanos de a pie gracias a su documental Una verdad incómoda: "No podemos esperar más, hay que actuar ya, porque dentro de unos años nuestros hijos podrán preguntarnos dos cosas: O en qué estaban pensando o cómo encontraron el coraje moral para solucionar una crisis que parecía imposible de resolver".
Aunque no ha sido tan tajante, el ex presidente Bill Clinton también ha querido advertir a sus compatriotas: no cabe esperar un recorte en las emisiones de dióxido de carbono por parte de China o la India a menos que los países ricos como EE. UU. encabecen esa carrera contra los gases causantes del calentamiento de la atmósfera.
Evidentemente las asociaciones ecologistas también dan la voz de alarma. "Los gobernantes tienen que darse cuenta de una vez de que el cambio climático supone un peligro real para el planeta", apunta el director del Programa del Cambio Climático del WWF, Hans Verolme.
Aunque han sido pocos, algunos presidentes en cargo sí han tenido palabras rotundas. Para el ecuatoriano Rafael Correa, los países industrializados deben recompensar a los que están en desarrollo por la contaminación que su bienestar económico ha causado. Correa citó un estudio del Banco Mundial que cifra en 40.000 millones de dólares el costo para los países de desarrollo de las medidas que tendrán que tomar para adaptarse al cambio climático.
La presidenta de Chile, Michelle Bachelet se ha pronunciado en un sentido muy distinto, aunque con la misma claridad. El compromiso de las grandes potencias para reducir las emisiones contaminantes "es insuficiente", opina. "Hoy se requiere algo más, y no sólo de parte de ellos, porque el esfuerzo de los países desarrollados no será suficiente. Es necesario también que los países en desarrollo emprendan acciones adicionales de reducción de emisiones", enfatizó la mandataria.
Los optimistas
Aunque la cumbre se ha celebrado en su país, se ha oído poco al presidente de EE. UU. En realidad, George W. Bush, que no acepta la idea de limitar las emisiones de CO2 de sus ciudadanos y de su industria, ha convocado su propia reunión para los días 27 y 28 de septiembre, invitando a 15 países, además de la ONU y la UE. Entre los 15 figuran 11 de los que más contaminan el planeta. Ban, en lo que pareció una advertencia indirecta a Washington, indicó que la ONU es el "foro apropiado" para llevar a cabo esa negociación global.
Desde España, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, también ha podido sorprender a su audiencia cuando afirmó que se puede conjugar el crecimiento económico con la reducción de emisiones contaminantes y puso como ejemplo el caso español. A pesar de la reciente mejora, España sigue siendo el país de la UE que más se aleja de los objetivos de Kioto.
En cuanto al presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, considera que tiene buenas noticias sobre los esfuerzos de su país para frenar la devastación de la Amazonía. Sin embargo, Brasil es considerado como uno de los países que más emite los gases contaminantes que provocan el efecto invernadero. Aunque este país usar poco los combustibles fósiles, ya que genera la mayor parte de la energía en hidroeléctricas y biocombustibles, los incendios forestales provocan enormes emisiones de gases.
Los equidistantes
Todos los ponentes no han defendido posturas tan enfrentadas. Entre las posiciones intermedias se puede mencionar al presidente francés. Después de advertir de que "La inacción supondría aceptar un punto de no retorno", Nicolas Sarkozy ha asegurado que "el reto climático no está fuera de nuestro alcance" y a alabado el trabajo de su país y de la UE.
Arnold Schwarzenegger ha tenido un discurso basado en la misma lógica: después de subrayar la importancia del problema, el gobernador de California ha presentado la acción de su Estado, "revolucionaria, histórica y transformadora" como un modelo universal para hacer frente al calentamiento del planeta. California ya invierte más dinero en energías limpias que en telecomunicaciones.




