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ADN.es / Mundo

Martes, 14 de febrero de 2012. Actualizado a las 04:31h | : el tiempo en

Acaba la campaña electoral marroquí con los islamistas en posición de favoritos

El líder del Partido Justicia y Desarrollo afirma que sus candidatos podrían duplicar los 42 escaños obtenidos en 2002

Un grupo de jóvenes seguidoras del islamista PJD durante el mitin de una candidata.

EFE Rabat

Los partidos políticos marroquíes apuran las últimas horas de campaña de las legislativas del viernes, sin jornada de reflexión y con la atención puesta en el esperado ascenso del islamismo moderado y en el alcance de la abstención.

Casi 15,5 millones de marroquíes pueden votar en estas elecciones para renovar los 325 escaños de la Cámara de Representantes (cámara baja del Parlamento) aunque está por ver si se supera el índice del 52% de participación de los comicios de 2002.

Las autoridades aseguran que el 80% de los electores disponen de su tarjeta de votación, imprescindible para ejercer el derecho de voto, pero no se han atrevido a pronosticar cuál será el índice de participación, que en varias zonas del país está amenazado de un declarado boicot.

De confirmarse los pronósticos de los muy escasos sondeos difundidos sobre intención de voto resultará ganador el Partido de la Justicia y Desarrollo (PJD, islamista moderado), cuyo líder, Saad Edine El Othmani, afirma que sus candidatos podrán casi duplicar los 42 escaños de 2002.

El sistema de escrutinio aplicado en Marruecos es el proporcional con asignación de restos a la lista más votada, del que se critica que, como permite la entrada en el Parlamento de numerosos partidos, no facilita la formación de gobiernos homogéneos y fuertes.

Es precisamente esta característica la que los detractores del modelo vigente en Marruecos utilizan para señalar la gran influencia que al final tiene el monarca en la formación del Gobierno, a cuyo primer ministro tiene la facultad de designar sin estar comprometido a hacerlo de entre los partidos que se presentan a los comicios. Así ocurrió en 2002, cuando Mohamed VI designó al tecnócrata, sin partido, Dris Yetú.

El islamista Othmani ha ofrecido durante la campaña un discurso moderado, continuista y comprometido en la participación en las instituciones del régimen monárquico, a pesar de que alguno de sus miembros amenazó con "cortar cabezas" cuando los representantes del PJD lleguen al Gobierno.

Según varios analistas consultados por Reuters, la elite laica de Rabat considera el auge del PJD un buen baluarte contra la amenaza de los islamistas más radicales y los yihadistas de la ahora llamada Al Qaeda del Magreb Islámico (anteriormente Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, GSPC).

"Hay dos opciones en la mesa: permitir que los islamistas entren en el Gobierno o dejarlos fuera"

Se espera que el PJD, el principal partido de la oposición, gane bastante más escaños de los 42 que obtuvo en 2002 (el Parlamento marroquí cuenta con 325 diputados). Pero el régimen está ante un dilema. "Las dos opciones, permitir que el PJD entre en el Gobierno o dejarlos fuera están en la mesa de los gobernantes", explica el experto en islamismo en África del Norte Mohamed Darif. "Cada una de estas perspectivas tiene sus defensores en el palacio", añade.

El problema es que si los islamistas moderados se integran en el Ejecutivo, la juventud marroquí que sufre el desempleo y la pobreza podría hallar en los radicales su única alternativa. Pero si se deja fuera al PJD aunque supere en votos a la gran mayoría de los 30 partidos que compiten en las urnas, la imagen predemocrática de Marruecos resultaría gravemente dañada.

En comparación con sus vecinos argelino y tunecino, Marruecos está considerado como un régimen relativamente liberal: el rey Mohamed VI ha modernizado el Código de la Familia, el sistema tolera la existencia de un partido islamista legal y el monarca ha dado señales de tolerancia respecto a la oposición (despidió al veterano ministro del Interior Driss Basri, y permitió el regreso al país del histórico opositor y preso político Abraham Serfaty).

Pero falta mucho a Marruecos para poder calificarlo de plena democracia. El gran obstáculo es la Constitución, cuya reforma debe incluir la separación de poderes, que "ahora están en manos del rey", según la presidenta de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH), Jadiya Riadi.

"La Constitución en Marruecos no prevé el estado de derecho. Al final la persona que toma las decisiones es el rey" y la falta de separación de poderes ha provocado "el fracaso de la Justicia", que "no es un poder independiente, ni es imparcial ni es íntegra", aseguró Riadi en una entrevista con Efe. La reforma de la Constitución marroquí debe considerar además, "para que sea una ley fundamental democrática, la separación entre el poder político y el poder religioso".

Por otra parte, Riadi no confía en que el pronosticado incremento de votos para el PJD pueda hacer que, una vez en un hipotético Gobierno de coalición, este partido contribuya a algún cambio. "La Constitución actual ni da atribuciones legislativas al Parlamento ni atribuciones ejecutivas al Gobierno [...] da igual qué partido, incluso aunque sea mayoritario, puesto que no tiene posibilidades de aplicar su programa y sólo puede gestionar las orientaciones decididas por la monarquía", continúa Riadi.

"Marruecos está en una pendiente peligrosa. Y usted tiene la responsabilidad"

Asimismo, el secretario general de Reporteros Sin Fronteras, Robert Ménard, considera que el propio Mohamed VI es el responsable de la persecución que sufre la prensa en su país, según denunció. "Marruecos está en una pendiente peligrosa. Y usted tiene la responsabilidad de ello", afirmó Ménard sobre los ataques a la libertad de la prensa de los últimos tiempos, en una carta dirigida al monarca y que fue hecha pública en una conferencia de prensa celebrada en Casablanca.

Ménard dijo a Efe que "lo que constato es que la gente con la que hemos hablado nos dice que se les ha mentido", en relación con las promesas del régimen marroquí sobre su comportamiento con la prensa.

Ménard añadió que quizás se equivocó quien pensó que la imagen moderna del nuevo rey consideraba esas nuevas maneras como un signo de democratización del régimen. "Porque la modernidad del rey no es lo mismo que asumir su democracia", insistió Ménard.

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