Socialistas abren debate para renovación entre división y ambiciones ocultas
EFE
Rivalidades por doquier y un enemigo común, el jefe. El ambiente en La Rochelle (suroeste del país), donde se reúnen los socialistas franceses no es el más cálido que han conocido los integrantes de la primera formación de la izquierda francesa. Desanimados por la popularidad del presidente de la República, el conservador Nicolas Sarkozy, divididos sobre las causas de su derrota y enfrentados según la corriente que representan, los barones del Partido Socialista (PS) celebran su rentrée, oficialemente para para hablar de futuro.
Pero las reflexiones más sonoras que han servido de preparación para la llamada "universidad de verano" han abordado en primer lugar conflictos del pasado. En el PS aun no se ha digerido la derrota en las presidenciales, la tercera consecutiva frente a la derecha, y se busca a un culpable.
Todos miran hacia la ex pareja más política de Francia: el primer secretario del PS, François Hollande, y la candidata en las presidenciales, Ségolène Royal. El ex ministro de Educación Claude Allègre ha matado dos pájaros de un tiro. Su escopeta es bastante habitual en la vida política gala: un libro. La défaite en chantant (La derrota cantando), es un requisitorio contra los dos: Hollande es "el principal responsable de este jaleo", y la candidata sólo piensa en sus ambiciones personales.
El perfil bajo de Royal
Dispuesta hace unos meses a aspirar al liderazgo del partido, en sustitución del que ha sido su compañero sentimental durante un cuarto de siglo, Royal se muestra ahora más prudente, consciente de que suscita más apoyo entre los ciudadanos que entre los cuadros del PS.
Pero parece que ella ya recibió las críticas más duras, sobre todo inmediatamente después de la noche electoral. Ahora le toca a su ex compañero aguantar las acusaciones de los dirigentes. Tras perder las legislativas, Hollande anunció que dejará la cabeza del partido, pero se apresuró a añadir que lo hará durante el próximo congreso ordinario, que se celebrará en 2008, en algún momento después de las elecciones municipales de marzo.
Hollande quiere ganar tiempo
Con su anuncio consiguió ganar tiempo porque, aunque deje la secretaría general del PS que ha ejercido en la última década, Hollande no renuncia a otras aspiraciones, como ser el candidato presidencial en 2012. "Haré todo lo que sea necesario para estar preparado en 2010", momento en el que el candidato socialista a las presidenciales podría ser investido: "Necesito tiempo para tener una imagen puramente personal", ha declarado Hollande en una entrevista.
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En las jornadas socialistas participarán hasta el domingo unos 3.000 militantes, una cifra que denota interés, aunque el estado de moral de los afiliados no sea óptimo y reclamen a sus líderes más propuestas para ilusionar a la sociedad que luchas intestinas por el poder.
Los ausentes, muy visbles
A diferencia del año pasado, en esta ocasión habrá ausencias sonadas que dan que hablar. Dominique Strauss-Kahn, que disputó a Royal las primarias, se ha eclipsado porque opta a la dirección general del FMI, mientras el otro aspirante en esa elección interna, Laurent Fabius, ha aducido un viaje para no estar presente en La Rochelle, aunque a través de entrevistas ha intentado lanzar un mensaje constructivo, basado en las ideas y en la necesidad de la renovación.
Tampoco estará el ex primer ministro Lionel Jospin, del que se espera un inminente libro en el que dará su punto de vista sobre la evolución de los socialistas en estos años, ni tampoco otro reciente referente del PS, la ex ministra y alcaldesa de Lille Martine Aubry.
En cambio los responsables más jovenes aprovecharon la ocasión para intentar hacerse un hueco entre los socialistas que importan en el partido. Pero aun les falta ganarse la confianza de las juventudes socialistas. La renovación "no es sustituir a viejos gilipollas por jóvenes gilipollas" advirtió su presidente, Razzye Hammadi.





