Lula suelta lastre para intentar sortear la crisis desatada desde hace meses en el sector aeronáutico brasileño. El accidente de un avión en Congonhas ha sido el último grano de arena que ha colmado su paciencia. Primero, se desprende de su ministro de Defensa. En la segunda bolsa va el responsable de la aviación de su país, que niega sin embargo haber dimitido.
Pese a este golpe de timón de última hora, al presidente brasileño le costará levantar el vuelo. La situación que atraviesa la aviación de su país es precaria: no sólo en cuanto a las condiciones de algunos aeropuertos, sino también de las propias líneas aéreas. El buque insignia, Varig, al borde de la agonía hace apenas unos meses. La línea de bajo coste Gol ve como uno de sus aparatos sufre un choque en pleno vuelo y se precipita a una región selvática del Matto Grosso con 155 pasajeros a bordo. Y, ahora, el choque de la aeronave de TAM.
Diez meses sin solución
Lula tenía que tomar cartas en el asunto y lo primero (es un decir, pues no ha abierto la boca desde el día del accidente) que ha hecho es fulminar al titular de Defensa, Waldir Pires. Si se confirma que la tragedia del pasado martes se debió a un fallo mecánico del avión, él estaría libre de culpa, pero su cese tiene que ver con su impericia a la hora de gestionar la crisis del sector aéreo brasileño.
La misma suerte ha corrido el presidente de Infraero, José Carlos Pereiro, aunque el responsable de la Empresa Brasileña de Infraestructura Portuaria niega haber dimitido de su cargo. "No tengo ninguna información sobre eso", comentó esta mañana, cuando se reunió con otra ministra para analizar las soluciones que propondrán a Lula en relación a la seguridad en Congonhas .
Mientras los brasileños esperan a que su presidente se pronuncie, durante esta jornada unos 17 pilotos se negaron a tocar tierra en Congonhas. La visibilidad era baja por culpa de la niebla y, por ello, durante tres horas y medias tuvieron en su mano la decisión de aterrizar o no. Y muchos objetaron.




