El festival Arenal Sound, que se celebra desde el viernes pasado en la localidad castellonense de Burriana, está impulsando la actividad de los comercios de la zona y está teniendo una excelente acogida entre los jóvenes de la localidad, que han comprado más de 1.500 abonos para los conciertos.
Hasta Burriana han acudido visitantes de buena parte de las autonomías españolas, pero hay numeroso público valenciano en un festival en el que, además, está participando un gran número de gente del municipio.
La Caja Rural de Burriana, en colaboración con la organización del evento musical y del Ayuntamiento, puso a la venta abonos con un coste de 60 euros para los empadronados en ese municipio, y fueron más de 1.500 burrianenses los que adquirieron su entrada, de modo que el público local se ha convertido en clave.
A los abonos vendidos a través de la caja de ahorros hay que sumar las entradas de día que los burrianenses han comprado en taquilla y las que se han adquirido a través de Internet con otras ofertas especiales, según han explicado a EFE fuentes municipales.
De hecho, durante estos días, y especialmente en los conciertos de ayer -cuando actuaron Bebe, Macaco y Los Delinqüentes- era muy fácil encontrarse con gente local en el recinto.
Expresiones como "cuánto tiempo sin vernos" o "parece que sean fiestas" se iban escuchando a medida que uno caminaba por el interior del recinto, y las voces pertenecían a vecinos de la localidad castellonense que han visto en el festival un modo de disfrutar del verano sin necesidad de buscar la diversión fuera del municipio.
Es el caso de Fidel, un joven de 29 años que ha solicitado en el trabajo dos días libres para acudir a los conciertos junto con sus amigos, también de Burriana. "Me parece increíble estar escuchando a este grupo aquí", le decía ayer a su hermano mientras sonaban Los Delinqüentes. "Y aún queda lo mejor", le respondía éste.
Desde el Ayuntamiento explican que el evento musical está teniendo muy buena acogida en la localidad, aunque, precisan, "es inevitable que haya quejas por parte de algún sector minoritario, sobre todo por el ruido". Ese descontento no es generalizado, y no se ha traducido en ninguna denuncia ni queja ante las autoridades.
Más bien ha sucedido lo contrario, y es fácil ver a gente como Mariló, que, con 54 años, está "orgullosa" porque se haya apostado por su municipio para albergar un festival que puede "dejar dinero" y también "mucho ambiente y alegría".
"Da gusto venir a la playa a estas horas y ver la cantidad de gente que hay pasándolo bien", explica mientras toma por la tarde un mojito con su marido y espera a que llegue el momento de entrar al recinto de conciertos, ya que ambos han comprado abonos.
Hay jóvenes del municipio que incluso han plantado una tienda de campaña en la zona de acampada en la que guardan comida, bebida, y hacen la siesta aunque por la noche vayan a dormir a casa.
También los comerciantes han visto cómo se ha incrementado la actividad en los últimos días, especialmente en los supermercados, en dos de los cuales, dada la falta de previsión, incluso se han terminado algunos productos, como el agua.




