El saguntino Alberto Torres, ganador del premio de novela Las Dos Orillas en 2007 y finalista del Café Gijón de 2008, asegura que los escritores del futuro serán "grandes seleccionadores de información" antes que creadores gracias a las facilidades que brindan las nuevas tecnologías de la información.
Las dos novelas por las que el valenciano ha sido premiado -"Cosas que nunca ocurrirían en Tokio" y "Niños rociando gato con gasolina"-, editadas recientemente en España con apenas un mes de diferencia, apuntan los rasgos de una nueva corriente literaria, también favorecida por las redes globales de información.
"Hemos llegado a un momento de la literatura en el que con Internet, da un poco igual quién sea el creador. Lo que importa es encontrar un buen seleccionador entre tanta información", relata en una entrevista concedida a EFE.
Torres (Sagunto, 1976), dramaturgo y músico además de escritor, se resiste a ser calificado de "mutante", término que identifica a los representantes de la narrativa española de última generación nacida al albur de las "Nocilla Dream" y "Nocilla Experience" de Agustín Fernández Mallo.
Reconoce, no obstante, que ha incorporado a sus novelas algunos de los recursos de los "nocilleros", y augura la consolidación de una nueva corriente literaria "basada en la hipertextualidad, los textos fragmentados y la lógica poética", en la estela de autores como Fernández Mallo, Eloy Fernández Porta o Javier Moreno.
"Hemos crecido con la Gameboy, con el móvil y con Internet y nos hemos acostumbrado a manejar mucha información", algo que necesariamente ha de llevar, a juicio de Torres, "a una literatura basada en la percepción múltiple".
Cree que "los inventos hacen avanzar el arte" y que éste encontrará una nueva expresión en el "libro digital", una vez "se consolide como un género literario" distinto de los libros que se pueden descargar actualmente de la web y con "su propia especificidad".
En este nuevo estadio de la literatura del que habla, los escritores ya "no son creadores, sólo son más rápidos viendo las cosas que están en el aire, en los espacios fronterizos y de transición".
Y es precisamente en "el espacio fronterizo por el excelencia", un aeropuerto, donde se desarrolla la trama de "Cosas que nunca ocurrirían en Tokio", que lleva el lenguaje teatral a la novela, explica.
Por contra, en "Niños rociando gato con gasolina", Torres toma prestados recursos que el cine, en particular el de Guillermo Arriaga -"Amores perros", "21 gramos", "Babel"-, ha utilizado antes que la literatura: la elipsis, la estructura fragmentada, la tensión poética.
Atribuye a la "casualidad" que su título recuerde al de "La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina" del best-seller Stieg Larsson, y asegura que él ya lo utilizó hace cinco años para dar nombre a una obra de teatro y, poco después, para titular el primer disco de su grupo Niñamala.
Como novelista, ha sido premiado en varias ocasiones, la primera de ellas con la novela experimental "Hotel Postmoderno", con la que él y sus otros tres autores fueron finalistas del Premio Azorín en su edición de 2008.
Los premios, dice sin embargo, "ayudan muy poco a las jóvenes promesas y son muy conservadores", como también lo es el panorama artístico en la Comunitat Valenciana, en su opinión.
"En Valencia es fácil destacar, aunque nadie se va a enterar, porque no hay público ni medios que se hagan eco", lamenta el joven autor, quien añade que el panorama artístico valenciano tiene "un punto rancio, con sus escritores consolidados que siguen haciendo lo mismo de siempre porque les va bien".




