Puede ser que el espíritu viajero de Rosa María Calaf (Barcelona, 1945) existiera desde siempre. O puede ser que emanara de las historias contadas por su abuelo, "historias reales", como recalcó ella, rescatadas de sus viajes a la India o a EEUU allá por la década de 1930. "Tener un abuelo así te da la oportunidad de elegir. Y yo de pequeña ya quería ser exploradora", dijo.
Rosa María Calaf, corresponsal de TVE durante 38 años, ha dejado su huella en 170 países. Ayer en civivox Iturrama no fue menos. Las 200 personas que se hicieron con una invitación para su charla, El mundo vivido por... Rosa Mª Calaf, quedaron boquiabiertas. La periodista, que acudió dentro de la programación organizada por el Ayuntamiento de Pamplona para el Día de la Mujer, cumplió su objetivo: ser una fotógrafa de "postales", "los ojos" de su país, en definitiva, una ventana al "mundo".
"Todo podría empezar con un érase una vez. Érase una vez una ninfa en un autobús que viaja sola de un pueblo de la Costa Brava a otro de al lado, con una muñeca y un libro a cuestas", relató. Calaf se refirió así a su primer viaje sola. Ése fue el principio. Después vino "una vida pegada a una maleta y la satisfacción de hacer del mundo mi hogar", resumió.
Por las venas de ella fluye el romanticismo de ser periodista, a pesar de estar jubilada desde el pasado 31 de enero, afectada por un Expediente de Regulación de Empleo de TVE. ¿Su consejo para los jóvenes periodistas? "Lo de siempre: entusiasmo, vocación y buena paciencia". "Los corresponsales somos una especie en extinción. Ahora se nos obliga a trabajar con prisa, y eso va en detrimento de la reflexión. Un buen periodista debe acercarse al máximo a la verdad", valoró. "Debemos adaptarnos al progreso. Pero en esta etapa de globalización es cuando peor informados estamos. Nos llegan muchos mensajes, pero siempre es el mismo", añadió.
Testigo de excepción
Cuando Calaf comenzó a trabajar como corresponsal apenas había mujeres en su gremio. "Después del 11-S, cuando fui a Pakistán, muchos jefes de equipos de televisión eran mujeres. Pero no está todo hecho", reivindicó.
Argentina, NuevaYork, Roma, Canadá, Moscú, Pekín... La lista de 'hogares' es interminable. Sus recuerdos, también. Vivencias "absurdas". Cuando se rompió el brazo en Timor Oriental, una isla ocupada durante mucho tiempo por Indonesia, y no encontró ningún médico en la capital que le pudiera operar. Luego, días después, en Hong Kong,le ofrecieron escayolas de colores 'a la carta'. Vivencias de "rabia y frustración". Cuando vio en Sri Lanka a familias hacinadas en una escuela durante días, porque el tsunami había destrozado sus casas. "Unos voluntarios italianos les construyeron unas tiendas de campaña. Las destruyeron enseguida, porque el avión de Kofi Annan 'necesitaba' aterrizar. Sólo estuvo media hora en el terreno", señaló. ¿Qué episodio le marcó más a nivel profesional? "El derrumbe de la URSS". "Aveces se me queda sensación de frustración, porque los errores se repiten en distintos lugares. Eso te afecta, ¿para qué sirve todo? Luego te das cuenta, hay pequeños avances", aclaró.
En una de sus primeras actividades como jubilada, Calaf habló de la vida con la que siempre soñó. La misma que vive. "No he echado de menos una vida tradicional. Lo más importante es educar a un nuevo ser humano. No he tenido hijos, no sé si hubiera sido capaz", reflexionó.




