No llovió, la temperatura fue casi veraniega y el gató gigante endulzó un Dijous Bo que volvió cien años atrás para despedir al popular Pere Rotger como alcalde de Inca.
Después de la lluvia, el frío y el inoportuno apagón que desvirtuó la fiesta más importante de la Isla en 2008, Inca disfrutó ayer de un día perfecto. La resaca del Dimecres Bo, menor por el recorte de actividades juveniles para "evitar desmadres", aclaró Rotger, dio paso a una jornada donde el porc negre mallorquín, las razas autóctonas, la exhibición de coches y maquinaria agrícola o la gastronomía más típica compartieron protagonismo con un mercado payés, gran golpe de efecto del Consistorio inquer en la última fiesta que preside Rotger (el alcalde dará paso en primavera a su delfín Rafel Torres).
Pleno de autoridades
A las diez de la mañana la céntrica plaza España era un hervidero de políticos, periodistas y curiosos en la habitual recepción del alcalde a las principales autoridades de las Islas, encabezadas por el delegado del Gobierno, Ramon Socías, y la presidenta del Consell de Mallorca, Francina Armengol, ante la esperada ausencia de Antich, ayer en Menorca. Nadie quiso perderse el tradicional recorrido por las principales calles de la capital del Raiguer cubiertas por más de ocho kilómetros de stands y exposiciones que no dejaron de recibir visitantes en una de las citas con la popular feria más plácidas que se recuerdan. "El Dijous Bo está sano", dejó Rotger como legado.
LA ATRACCIÓN
Colas para un postre de 8.400 huevos
Sin la espectacularidad de la ensaimada del año pasado, el gató gigante volvió a ser ayer una de las grandes atracciones. De diez metros de diámetro, formado por 1.200 cocas, las 700 docenas de huevos ubicadas en la plaza Mallorca provocaron grandes colas de miles de golosos.

