Ana María es ciega. Y aunque ha trabajado durante 32 años como fisioterapeuta en un hospital acompañada de Kara, su perro labrador, constantemente atraviesa por situaciones incómodas en bares y restaurantes cuando acude con su fiel acompañante.
"Cuando me dieron mi primer perro guía en los años setenta supe que si algún día me lo llegaran a quitar me resultaría complicado valerme por mí misma", asegura Ana junto a una mesa del café Gijón mientras sujeta a Kara, que hace gala de sus buenos modales.
Para impulsar el derecho de este tipo de usuarios a acceder a toda clase de locales con sus perros guía, la ONCE y la Federación de Hostelería presentaron ayer la campaña Colabora sin reservas. "No se puede prohibir a estas personas el acceso a ningún lugar", afirmaba ayer ante una decena de invidentes Yolanda Martín, vicepresidenta de la ONCE. "Los principales problemas los encontramos en los pequeños comercios y restaurantes chinos", describe Martín.
"Hay en activo más de 800 perros guía en España y aportan una gran labor social", asegura Gemma León, directora de una escuela de lazarillos. Cada uno tarda cerca de dos años en formarse, y tan sólo la mitad de los que recibe formación llega a ser perro guía.

