Un veintisiete por ciento de los hijos de inmigrantes en Madrid quieren permanecer en España cuando sean mayores, mientras que más del cuarenta por ciento sueña con vivir en Norteamérica u otra zona del mundo desarrollado, según una investigación presentada hoy en la Universidad Pontificia Comillas.
Es una conclusión que aparece en "La segunda generación en Madrid: un estudio longitudinal", donde se lee que los descendientes de inmigrantes no perciben gran rechazo por parte de la población autóctona, aunque un tercio de ellos se considera español.
Más de la mitad declara que nunca se ha sentido discriminado y un cinco por ciento declara haberlo sido "muchas veces".
El estudio recoge una muestra representativa de jóvenes nacidos en España de padre o madre extranjeros y nacidos en el exterior, pero asentados en España antes de los doce años.
En total, han sido entrevistados 6.500 adolescentes - 3.375 en Madrid y 3.125 en Barcelona - con una edad media de 14 años y que llevan en España una media de seis años.
Dos de sus autores, Alejandro Portes, de la Universidad de Princeton y Rosa Aparicio, de la Universidad Pontificia Comillas-ICAI-ICADE, han presentado hoy la fase inicial de esta investigación, la primera que se realiza en Europa a cerca de la adaptación social y económica de los hijos de inmigrantes.
Portes llevó a cabo un estudio similar en Estados Unidos por el que siguió a lo largo de diez años la adaptación de los llamados "nuevos americanos".
Escogió España para comenzar a analizar la situación europea por "la fuerte inmigración que ha habido en los últimos años" que ha proporcionado "un muestra con más de sesenta nacionalidades distintas", aunque los países de origen predominantes son Ecuador, Colombia y Rumanía.
Esta "fase preliminar", como la ha llamado el investigador, contempla la situación de los habitantes en Madrid y muestra "un complejo pero no del todo negativo panorama con respecto a las identidades y planes de futuro de la segunda generación", según reza el informe.
Con respecto a la inclinación de los jóvenes a sentirse más identificados con el país de origen de sus padres y a preferir trasladarse a otro país en el futuro, Portes ha asegurado que, con el paso del tiempo "es muy probable que estas opiniones se vayan modificando".
Al mismo tiempo ha calificado de negativa "la clara brecha entre sus aspiraciones y sus expectativas".
Mientras que el 53 por ciento aspira a acceder a la Universidad, sólo la mitad - un 23 por ciento -, confía en lograrlo y, al grado educativo más alto, el postgrado universitario, aspira el nueve por ciento, pero sólo el cinco confía en conseguirlo.
Para muchos estudiosos de la migración, esta brecha entre aspiraciones y expectativas ha sido el origen de los conflictos ocurridos en países europeos con las segundas generaciones, como Francia o Gran Bretaña.
La mayoría de los estudiantes valora la actitud de los profesores, la disciplina y la calidad de la enseñanza y reconoce la existencia de pandillas y de frecuentes peleas entre alumnos de distintas nacionalidades.
Según los investigadores, el estudio detecta aquí el desafío que afronta el sistema escolar para evitar o reducir la tendencia hacia la participación en bandas y el abandono escolar entre hijos de inmigrantes.
Esta primera fase muestra "causas de consecuencias futuras", ha asegurado Portes, ya que la investigación continuará con el seguimiento de los jóvenes hasta la edad adulta, momento en el que podrán extraerse nuevas conclusiones.

