Carmen atendiendo a sus clientes, que han creado un blog para defender el bar. s. cherkaoui
Malasaña pierde poco a poco sus templos. Bares míticos donde tomar un mini con unas patatas bravas o un menú casero.
La taberna Pepita (Corredera Baja de San Pablo, 20) es uno de ellos. La Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo (EMVS) ha declarado en ruinas el edificio en cuyos bajos está el bar. Va a rehabilitar la finca, de 360 años de antigüedad, y a echar a los inquilinos.
De momento el proceso está paralizado en los juzgados. "El primer juicio, que fue en julio, lo hemos perdido. Hemos apelado para alargarlo y ganar tiempo porque nos tendremos que ir", cuenta resignado Fausto, dueño del negocio.
El local tiene 260 m2 y por él Fausto y su mujer Carmen pagan un alquiler de renta antigua de 37 euros al mes. "Tardarán como poco siete años en restaurarlo y cuando lo acaben ya no podré retomar el negocio. Algo nos tendrán que dar por haber estado 30 años aquí", afirma Fausto.
Desde el Ayuntamiento señalan que el proceso judicial está abierto, y por ello no pueden adelantar el futuro del edificio.
Entre bravas y croquetas, La Pepita se ha convertido en un símbolo. "Somos como una familia, los chicos nos quieren mucho", destacan. Tanto que han creado el blog www.pepitaforever.blogspot.com para pedir que no se cierre.
Otro clásico en las últimas
El Bocho, en la calle de San Roque, 18, es otro de los bares del centro que cerrará tras 62 años de negocio. La Universidad de Salamanca, dueña del inmueble, lo ha declarado en ruinas y "nos ha rescindido el contrato", señala Luisa mientras se aplica en la cocina de carbón con el menú del día. "Queremos volver cuando lo arreglen, en venta o como sea", asegura.
La tasca histórica deja paso a los bares de diseño
Malasaña se rinde poco a poco a lo 'cool' y a los bares de diseño. Pocas tascas 'de toda la vida' subsisten en el barrio, pero las que están lo hacen con lleno absoluto. Casa Camacho, Bodegas Rivas y de la Ardosa, El Palentino o Casa Julio son un buen ejemplo.


