El gobierno de la Generalitat ha acordado hoy declarar como bienes culturales de interés nacional los cascos antiguos de los municipios de Vulpellac, en Forallac (Girona) y Almacelles (Lleida), así como el Molí Mornau, en Sabadell (Barcelona).
Según ha informado el gobierno catalán, los dos primeros núcleos han recibido este reconocimiento en la categoría de conjunto histórico y el tercero como monumento histórico.
En todos los casos, la Generalitat también ha acordado delimitar el entorno de protección del conjunto histórico y establecer los criterios de intervención mediante los cuales se realice una protección integral, de forma que se posibilite la conservación de los valores históricos, culturales y arquitectónicos del núcleo de la villa.
El núcleo de Vulpellac está situado a poniente de la riera del mismo nombre y al norte de la carretera local C-255 de Girona en Palamós.
El núcleo original se formó en los siglos IX y X alrededor de la iglesia. En los siglos X y XI se construyó el castillo y su patio de armas, que constituye el primer recinto cerrado.
Posteriormente, en el siglo XII se construye el recinto amurallado y se forma el tejido urbano original, que ha llegado hasta la actualidad.
Por su parte, el casco antiguo del municipio leridano de Almacelles proviene del proyecto urbanístico realizado por el arquitecto Josep Mas Dordal en el año 1773.
Se configura a partir de una calle principal; de la plaza de la villa, situada en el centro, y de un conjunto de diez islas que se sitúan de manera lineal a lo largo del eje proyectado dando origen a una estructura urbanística reticular.
El interés urbanístico de este núcleo proyectado se encuentra también en la parcelación que mayoritariamente se ha conservado, aunque con algunas modificaciones.
El acuerdo de la Generalitat destaca que la singularidad de la repoblación de un municipio al siglo XVIII a través de un proyecto urbanístico hace que Almacelles sea un ejemplo singular en la creación de ciudades en Cataluña.
Por último, el Molí Mornau, en Sabadell está situado junto al río Ripoll, bajo el puente de la carretera de Sabadell a Castellar, en el sector noroeste y en las afueras de la ciudad. Está documentado desde el 1554 como molino papelero y batanero.
En dicho molino se fabricaba papel para exportar a Génova y también había una fragua de llaves y de metales.
El edificio tiene forma rectangular, con dos cuerpos anejos en los extremos, y consta de cuatro plantas y sótano. Está cubierto a dos aguas y dispone de muros de piedra y mortero de cal y cantoneras de piedra tosca.
Las tres plantas superiores eran los secadores del papel, mientras que el sótano y la primera planta alojaron la maquinaria productiva.
El molino conserva una parte importante de las instalaciones de producción de papel que, con la reguera y las construcciones hidráulicas, hacen del monumento una de las piezas más singulares del inicio de la industrialización de Cataluña.




