El 75% de la población española reconoce que no daría trabajo a una persona con un trastorno mental, aunque éste estuviera controlado y a pesar de que estuviera más preparado que el resto de candidatos.
Así se desprende de un estudio elaborado por el Grupo de Investigación en Rehabilitación del Sagrat Cor, que gestiona el Hospital Psiquiátrico de Martorell, y que hoy se ha presentado en esta ciudad en el marco de unas jornadas sobre el estigma social que padecen estos enfermos.
El director médico del Sagrat Cor, José Antonio Larraz, ha recordado que "nuestro objetivo es la integración de las personas en la sociedad y no sólo su mantenimiento o su estabilización", y ha destacado que "la sociedad debe trabajar y aceptar a unas personas que por su enfermedad se han desadaptado".
El estudio se basa en una encuesta elaborada a principios de este año a pie de calle entre un total de 900 personas de ámbitos rurales, urbanos y semi-urbanos de toda España.
"Nos basamos en una encuesta que se hizo en 2001 y en 2006 en Alemania y el resultado ha sido similar: la sociedad rechaza o aparta a estas personas".
"El proceso de rehabilitación no se puede hacer únicamente como usuarios de la red de salud mental, sino que debemos trabajar con el objetivo de que se integren como ciudadanos desde el punto de vista social, laboral y familiar", ha dicho Larraz.
Según el responsable médico, el 80% de las personas no aceptaría que una persona con un antiguo trastorno mental, que ya esté recuperada, sea el profesor de sus hijos.
"No que los cuide en casa, sino que sea su maestro en un centro", ha insistido Larraz.
Según el mismo estudio, el 75% de la población reconoce que si fuera empresario o responsable de recursos humanos de una empresa no contrataría a una persona con una antigua enfermedad mental para un puesto de trabajo, aunque estuviera más preparado que el resto de competidores.
El 65% de los encuestados no aceptaría a un enfermo mental en su entorno íntimo de amistad y el 60% reconoce que la mayor parte de la sociedad no piensa bien de estas personas, que tiene prejuicios y reticencias hacia las personas con trastornos mentales.
"Se da la circunstancia de que cuando preguntamos en primera persona, los encuestados aseguran que no tienen problemas con los enfermos mentales, porque saben que sería políticamente incorrecto, pero cuando hablamos en general, de la sociedad, aseguran que sí. Como conclusión, aseguramos que las campañas dirigidas a la sociedad en general no tienen ningún tipo de sentido, cuestan mucho dinero y no sirven absolutamente para nada", ha dicho el director médico del Sagrat Cor.
Según Larraz, "es importante dirigirse directamente a las personas, a las comunidades de propietarios, a las asociaciones, a los barrios, para que conozcan a estas personas que viven en su mismo espacio, con las que conviven sin tener ningún problema".
El director médico ha puesto como ejemplo los pisos terapéuticos que ha puesto en marcha el centro sanitario de Martorell.
"Son pisos en los que los enfermos, que están estables y que son autónomos, viven solos con total libertad aunque bajo supervisión. Inicialmente no le decimos a la comunidad sus características, porque posiblemente los rechazasen, pero con el tiempo demuestran que pueden hacer una vida normal, que son los más amables y educados de los vecinos y que tienen una gran capacidad para integrarse en el entorno", ha dicho Larraz.




