Por primera vez ve la luz parte de la colección de estampas japonesas, la mayoría eróticas, que acompañó a Picasso durante casi toda su vida. A partir de hoy, y hasta el 14 de febrero, el Museu Picasso expone, bajo el nombre Imágenes secretas, 19 de las 61 obras que el pintor guardaba.
Si las estampas son uno de los reclamos de la exposición (algunas de ellas son de renombrados artistas del siglo XVII y XVIII), la comparación entre éstas y la obra erótica de Picasso constituye toda una novedad. Los comisarios de la muestra, Malén Gual y Ricard Bru, se dieron cuenta de esta relación hace sólo dos años, a partir de intuiciones y de notas a pie de página.
Según el director del museo, Pepe Serra, esto demuestra que todavía no se ha dicho todo sobre un pintor "complejo y desordenado" al que "sólo se puede dar valor situándolo en su contexto". Es por ello que, además de los grabados y revisiones de Picasso, la muestra incluye álbumes, catálogos, libros y hasta documentos sonoros que prueban la influencia del japonismo en la Barcelona de principios del siglo XIX.
Entre las obras de Picasso figura una versión -"excepcional", según Brude un grabado del japonés Katsushika Hokusai sobre la relación sexual entre un pulpo y una mujer. También hay estampas donde aparecen grupos de mujeres desnudas en una actitud sugerente y desenfadada que recuerda a la de las prostitutas retratadas en los grabados nipones.
Aunque si el pintor tomó algo prestado del arte erótico japonés fue la composición, normalmente formada por dos figuras tan juntas que se confunden en un amasijo. El foco de atención suelen centrarlo los genitales en el momento de la cópula.

