El Ayuntamiento de Barcelona pondrá en marcha este verano un plan especial de sus servicios municipales para intentar minimizar los efectos de la sequía, pero que no podrá impedir que las duchas de las playas no funcionen o que cerca del 60% de los parques y jardines de la ciudad se queden sin regar.
La segunda teniente de alcalde, Imma Mayol, ha explicado en rueda de prensa que este plan "respeta escrupulosamente" las medidas de excepcionalidad 2 del decreto de sequía, aunque intenta mantener al máximo la calidad de vida de los barceloneses que, por ejemplo, sí podrán disfrutar de las 15 piscinas municipales descubiertas.
Mayol ha pedido que no se "frivolice" sobre la necesidad de estas instalaciones que, a su juicio, cumplen una función social, ya que son utilizadas por muchas familias que no pueden irse de vacaciones, y además son piscinas que se han mantenido llenas, y sólo si fuera necesario se rellenaría con agua freática.
Pocos efectos para los turistas
Para que el ciudadano, y los turistas, noten al mínimo estas medidas de ahorro, se concentrarán en las áreas "más prescindibles" que no afecten a la actividad económica y no tengan repercusiones a medio y largo plazo, como el riego de zonas verdes y el ciclo del agua (fuentes ornamentales o las duchas de la playa), mientras que el resto de servicios se mantendrá al 90%.
Mayol ha recalcado que estas medidas no afectarán al sector turístico, ya que las personas que visiten la ciudad casi no las notarán, pues no repercuten en hoteles o en la limpieza de la calles, y ha señalado que sólo el 15% de los usuarios de las playas del área metropolitana son turistas.
Además de no regar el césped -que tras la sequía será replantado con modalidades que requieren menos agua, el Ayuntamiento no llevará a cabo nuevas plantaciones, y sólo mantendrá abiertas 81 de las 222 fuentes ornamentales con sistema de recirculación, que en el caso de tener que vaciarse para limpieza o si sufren problemas de evaporación no se rellenarán.
Más turnos de limpieza
Para mantener los niveles de limpieza de las calles en el verano, -que se efectúa con agua freática- el consistorio ha incrementado el número de vehículos para el riego (que aumentarán en un 58% los turnos), y algunos de ellos serán de menor tamaño para que puedan hacer su trabajo en calles estrechas, sobre todo en Ciutat Vella y Gràcia.
En cuanto al riego de jardines y parques, y ante la imposibilidad de contar con agua freática en el 100% de las 200 hectáreas de zona verde de la ciudad, se dará prioridad a los jardines históricos, árboles y arbustos (los elementos más valiosos).
Asimismo, para dar un mejor servicio aumentarán los turnos de los vehículos existentes y se habilitará otros para estos usos, como dos camiones grúa, o diez furgonetas con pequeños depósitos caseros de un metro cúbico. Estos aumentos permitirán regar el 40% de la superficie verde de la ciudad, aunque Mayol confía en que, al menos, siga el nivel de lluvias de esta primavera.
Gran ahorro y cambio cultural
Desde la entrada de la excepcionalidad 2, el Ayuntamiento ha ahorrado unos 400.000 metros cúbicos de agua potable de red (un 55% menos) y un volumen de agua similar al contenido por 20 barcos como los que están suministrando a Barcelona desde Tarragona.
El consumo de agua freática en los servicios municipales ha aumentado un 21% entre febrero y abril con respecto al mismo periodo del año pasado.
Barcelona, que es la ciudad española que menos agua consume por habitante y año, y la sexta europea, ha realizado en los últimos meses varias campañas de sensibilización, y se han mantenido reuniones con los grandes consumidores (gremio de hoteles, Mercabarna, Consorcio de la Zona Franca y centros deportivos).
Para Mayol, durante este episodio de sequía se han producido unos cambios culturales "difíciles de instaurar pero que no tienen retorno", como una mayor sensibilización del consumo o no utilizar el agua potable para regar instalaciones deportivas.





