Amalia Camacho, de 82 años,transita hoy con dificultad por los cascotes de la cárcel de Carabanchel, cerrada en 1999. Entre sus muros recuerda cánticos de presos y sus innumerables visitas: primero a sus dos hijas (de 18 y 20 años) y tiempo después a su yerno. Rosa, la mayor, recuerda su primera vez en Carabanchel, en 1971, por repartir propaganda de Juventudes Comunistas."Aunque la cárcel era de hombres, había un módulo preventivo de mujeres", explica.
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