Primera orden de alejamiento por homofobia. Es una de las medidas que ha establecido un juez de Sabadell (Barcelona) en el caso de un joven agredido, física y psicológicamente por el hecho de ser homosexual. La sentencia llega seis años después de que Dani, hoy con 24, empezara a vivir su pesadilla.
Todo empezó cuando visibilizó su homosexualidad en su barrio: ahí llegaron las amenazas e insultos, "le pincharon las ruedas del coche, le hicieron pintadas en su escalera y le pegaban", relata Eugeni Rodríguez, portavoz del Front d'Alliberament Gai de Catalunya, que denunció los hechos. El juicio se suspendió cuatro veces, y el lunes llegó a una sentencia de conformidad de las partes.
Como la violencia de género
Los agresores, "vecinos de toda la vida" de la víctima, fueron declarados culpables de "una falta de vejaciones y amenazas, con superioridad y homofobia", un agravante que se recoge desde 1997 pero que "los jueces no suelen aplicar", apunta Rodríguez. Deben pagar una multa de 1.075 euros, no pueden comunicarse con la víctima y han tenido que pedir perdón -lo hicieron ayer fríamente- a Dani, "algo que para él era muy importante". Además, se establece la "orden de alejamiento de 300 metros para el máximo responsable". Por primera vez se equipara violencia homófoba y de género.
"Es clave que haya leyes que persigan la discriminación", apunta Antonio Poveda, presidente de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales. "Miles de jóvenes y adolescentes sufren este rechazo" por su condición sexual, agrega. La Federación cifra en un 65% a aquellos que dicen haber sufrido violencia física, psicológica o verbal a causa de su tendencia.
Para evitarlo, los expertos recomiendan denunciar, algo que "se hace poco", dice Poveda. "Se tarda en obtener resultados perola satisfacción llega", añade Rodríguez. El fin de las agresiones, según Poveda, sólo llegará "con educación, visibilizando nuestra realidad" y con "una Fiscalía contra la discriminación" como la catalana.
EL APUNTE
Reconocen sexo neutro a un británico
Norrie May-Welby no se siente ni hombre ni mujer y, ahora, ha logrado que las autoridades australianas le reconozcan como persona con género sexual neutro. May Welby nació hombre, hace 48 años en Escocia, pero en 1990 se sometió a una operación de cambio de sexo. Nunca se sintió cómoda como mujer, publicó ayer la prensa británica.




