El atún es barato y sabroso. Quizás por eso su consumo empieza a ser excesivo, hasta el punto de poner en peligro la continuidad de la especie. El problema reside en el ritmo de pesca actual, que impide la regeneración de los túnidos. En concreto, en los últimos 20 años el atún rojo (el que se usa para preparar sushi) ha perdido el 80 % de su población adulta y, por lo tanto, el 80% de su capacidad de reproducirse.
Y parece que la última oportunidad para salvar a la especie está a la vuelta de la esquina. La pasada semana organizaciones ecologistas, gobiernos y empresas han vigorizado un debate que empieza a adquirir tono de ultimátum: o se prohíbe la pesca de atún o el atún desaparecerá del planeta. Entre los responsables de esta revitalización se encuentran los miembros de la comisión de medioambiente del Parlamento Europeo, que han aprobado pedir que se catalogue el atún rojo como especie protegida.
El eurodiputado Raül Romeva (ICV-Los Verdes) se confiesa "optimista" respecto a esta iniciativa. Hasta ahora, España, Italia y Francia habían tirado atrás los últimos intentos de la Eurocámara de ilegalizar el comercio de atún rojo, pero ahora "España se está quedando sola en su oposición". Eso sí, ayer los ecologistas denunciaron presiones de eurodiputados españoles para tirar atrás la iniciativa y Francia pidió la s emana pasada 18 meses para pescar antes de la prohibición definitiva.
Quien no piensa dar tregua es el director Rupert Murray, quien con su documental The End OF the Linepretende atizar el debate. El filme se basa en las investigaciones del periodista Charles Clover y varios medios lo han comparado ya con Una verdad incómoda, el documental de Al Gore sobre el cambio climático. Se presentó la semana pasada junto a un manifiesto por la prohibición del comercio internacional del atún rojo que cuenta con la firma, entre otros, del ex secretario general de la ONU, Kofi Annan, el actor Michael Douglas y la modelo Elle MacPherson.
El control actual
Pero, ¿tan grave es el problema? La Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT, en sus siglas en inglés), una organización con representación de 17 gobiernos (incluido el de España) que trabaja para frenar el ritmo de las capturas, es quien recopila los datos. Desde 1950, cuando se registraron 100.000 toneladas de capturas, la sobrepesca no ha dejado de acentuarse, llegando a las 550.000 toneladas en 2007.Y por lo que respecta al atún rojo, las capturas han pasado de las 25.876 toneladas a las 35.708.
El cometido de ICCAT es fijar una cifra límite de capturas al año, aunque este número es sólo una "recomendación", tal y como admite su secretario ejecutivo, Driss Meski, quien añade que en el caso del atún rojo "hasta 2009 había sobreexplotación". El tono poco esperanzador de estas declaraciones conduce tanto al ecosocialista Raül Romeva como al coordinador del área marina de Ecologistas en Acción, Jorge Sanz, a referirse ala organización en los mismos términos: "ICCAT no tiene credibilidad".
Ambos coinciden en que el tonelaje de capturas que fija la ICCAT es siempre superior alas recomendaciones científicas para conseguir la regeneración de la especie. Sanz da un ejemplo: "En 2009, ICCAT fijó 13.500 toneladas, cuando los científicos pedían una cuota máxima de 8.000, y esto sólo proporcionaría un 50% de posibilidades para la recuperación de la población del atún rojo en 2023". De ahí la insistencia de los colectivos ecologistas en llevar el atún rojo a una conferencia internacional que se celebrará el próximo marzo. Allí podría ser catalogado como una especie en peligro de extinción. Según los ecologistas, esta es la única forma de que la continuidad del atún no dependa de una organización a la que acusan de estar demasiado presionada por gobiernos y empresas pesqueras.
El negocio del sushi
Regentar un restaurante japonés es un gran negocio. Tina Tan, propietaria del barcelonés On Sushi, está rodeada de competencia, pero, aún así, siempre tiene el local lleno y ahora está buscando otro. Tan utiliza unos cuatro kilos diarios de atún rojo para confeccionar los platos de su carta. Se los compra a Josep Arrom, un distribuidor que cada día vende entre 300 y 400.
"La mayoría de clientes son japoneses, pero en los últimos años se ha puesto de moda aquí", dice Arrom, que exige siempre el certificado en regla del pescado que adquiere. Será difícil renunciar a este lucrativo negocio y dejar de comer atún, según parece, la única forma de que nuestros nietos puedan hacerlo.
CAPTURADOS MUCHO ANTES DE PROCREAR
El atún rojo es una especie migratoria que regresa a su lugar de nacimiento para procrear. Sus áreas de desove están situadas en el Golfo de México y el sur de las Islas Baleares, y es en estas zonas donde los ecologistas sitúan el problema.
La mayoría de atunes crecen enjaulas de engorde, algo que frena su ciclo reproductivo. "Más del 50% del atún capturado en 2009 pesaba menos de 30 kilos, y así no se reproduce", explica Celia Ojeda. Por eso, si no se frena el ritmo de pesca "el atún rojo desaparecerá a partir de 2012 cuando los últimos ejemplares sexualmente adultos hayan sido capturados".
El pasado verano, un grupo del Instituto Español de Oceanografía consiguió huevos de atún rojo cautivo, abriendo así la posibilidad de la acuicultura. Para Ojeda, investigaciones así no aportan una solución suficientemente buena. "El atún rojo gusta por la capa de grasa que adquiere al recorrer grandes distancias", y para tenerla debe vivir en libertad.
CÓMO TOMAR UN MENÚ JAPONÉS SOSTENIBLE
Si finalmente se prohíbe la pesca de atún, los amantes de la cocina japonesa no tienen por qué renunciar a este placer. Algunos ecologistas recomiendan pedir vegetariano en estos restaurantes, pero con un poco de información incluso es posible disfrutar de platos elaborados con pescado.
Eso sí, siempre y cuando "sea sostenible, local y no esté en peligro de extinción", resume Celia Ojeda, de Greenpeace. En la carta, esto se traduce en descartar las especialidades de más éxito -el sushi, el sashimi y los makis-, porque suelen lleven atún o salmón, cuya pesca no se realiza de modo sostenible, según Greenpeace. Otra de las recomendaciones es no pedir langostinos.
Pedir pescado
Lo primero que deben hacer los comensales es preguntar qué platos están elaborados con pescado salvaje. Además, los amantes del pescado azul pueden conformarse con su primo hermano, la caballa. Una forma segura de comer de forma sostenible en un restaurante japonés es tomar erizos, una especie con demasiados ejemplares en el Mediterráneo.
Londres, San Francisco y Seattle son capitales que ya cuentan con restaurantes japoneses que sólo sirven atún si ha sido pese do de forma sostenible (Imalmente, con barcos pequeños y técnicas tradicionales). Los mismos criterios sigue Sushi10, un local de Barcelona que utiliza ingredientes ecológicos.




