Sesión de la cumbre de Kioto, el 8 de diciembre de 1997.
Efe
La cumbre de Copenhague, la reunión en la que debe decidirse el futuro del planeta, de su supervivencia, empieza el lunes. Una cita a la que acudirán cientos de políticos, expertos, miembros de ONG, de grupos de presión, de organizaciones sociales... para frenar el cambio climático. Pero, realmente, ¿paraqué sirven las cumbres? ¿Son sólo reuniones con un altísimo coste económico que derivan en papel mojado? ¿O tienen un sentido real?
Esquivando la tentación de decir que no sirven para nada, los expertos dibujan estos encuentros como "el lugar en el que se juega la partida" tras meses o incluso años abonando el terreno con reuniones previas, apunta Mar Asunción, responsable del programa de cambio climático WWF.Y sirven para "marcar referentes de futuro y unos objetivos claros", añade Ignasi Carreras, director del Instituto de Innovación Social de ESADE.
Las claves del éxito
Las cumbres "deberían dar más frutos, pero no tenemos ninguna otra alternativa para tratar los temas globales", admite Asunción. Tanto la cumbre iberoamericana que se cerró ayer en Estoril (Portugal) como la reciente reunión de la FAO en Roma, para frenar el hambre en el mundo, concluyó con la etiqueta de fracaso. Y con un enorme coste para las arcas de los Gobiernos que mandaron a sus negociadores a Italia.
Aquí aparece otro interrogante: ¿de qué depende que una cumbre sea un éxito? La voluntad política de hallar soluciones y "el tema que se debate son fundamentales", apunta Carreras. Y "el hambre en el Tercer Mundo no nos afecta directamente", por lo que cuesta que los líderes de los países ricos pacten soluciones, lamenta Daniel Gil, catedrático de la Universidad de Valencia.
"Que haya liderazgos e ideas fuertes también es decisivo" para el éxito, agrega Jaime Atienza, del Departamento de estudios y campañas de Intermón Oxfam. Por ejemplo, que EEUU se retirara del acuerdo de la cumbre de Kioto (Japón) sobre clima, en 1997, se vio como un gran revés.
A los encuentros internacionales, que deben ser "totalmente transparentes", se debe ir con "objetivos cuantificados, justos, ambiciosos y regulados", insiste Asunción. Sin propósitos concretos es difícil llegar a algo.
Lo que también dificulta el pacto es la presión que ejercen los lobbies (grupos de presión) en estas citas. Hay sindicatos, representantes de la industria, ONG... todos aprietan para velar por sus intereses. Un ejemplo claro: la presión que ejercen "los fabricantes de combustibles fósiles para que en Copenhague no se llegue a un buen acuerdo, y evitar así que estos carburantes desaparezcan", dice Asunción.
Dar el primer paso
Un escenario muy común en estos encuentros es que "los políticos lleguen a la cumbre sólo para salir en la foto", dice Carreras. De hecho, hay quien asegura que algunos líderes esperan a pocos kilómetros del lugar donde se celebra la cumbre y sólo aparecen si hay acuerdo.
Algo también habituales que nadie quiera ser el primero en asumir un compromiso. Es lo que está ocurriendo en las reuniones previas a Copenhague: muchos países se niegan a reducir sus emisiones de CO2 si antes no se comprometen a hacerlo otros. Es un pez que se muerde la cola.
Aunque en muchos casos sí se alcanza un acuerdo, pero "luego no se cumplen los compromisos", admite Carreras. Y entonces, ¿qué deben hacer los ciudadanos? ¿Cómo protestar por la inutilidad de una cumbre?
Los expertos coinciden en que la población debe exigir a los mandatarios, a través de las organizaciones sociales, que cumplan con su deber."Debemos presionar al Gobierno, con manifestaciones e incluso ciberacciones", recalca Gil. ¿Por qué no salir a la calle para pedir que se acabe con el hambre en el mundo o con el cambio climático igual que se hizo contra la guerra de Irak?
LOS EXPERTOS
El clima social es clave para el éxito de una cumbre: que la gente entienda la gravedad del problema. Como pasó en la de Montreal, en 2005, donde se acordó una solución al agujero de la capa de ozono.
Daniel Gil
Catedrático de la U. de Valencia, Educador para La sostenibilidad
Cuando la ciudadanía se moviliza hay más acción por parte de los políticos. Parece que las decisiones las toman otros pero esto no es cierto. Los ciudadanos debemos protestar y proponer.
Jaime Atienza
Departamento de estudios y campañas de Intermón Oxfam
En las cumbres humanitarias se habla de soluciones que pasarían por cambiar modelos de desarrollo, no sólo de poner parches. Y esto tiene costes para los países.
Mar Asunción
Responsable del programa de cambio climático de la ONGWWF
Si los políticos ven que los temas que se deba ten no son prioridades para la gente, no se implicarán en alcanzar el acuerdo. A menudo se mueven si con ello pueden conseguir un rédito electoral.
Ignasi Carreras
Director del Instituto de Innovación Social de ESADE
BUSCANDO EL ACUERDO EN COPENHAGUE
Copenhague es la próxima cita. Allí se espera la asistencia de 65 líderes políticos, entre ellos el presidente de EE UU, Barack Obama, o el español, José Luis Rodríguez Zapatero.
Una cumbre que viene precedida de cierto pesimismo, ya que algunos sectores -la UE o el mismo Obama- ven imposible alcanzar un acuerdo vinculante. Si no es así, no será de obligatorio cumplimiento. Pero otras voces, como la mayoría de ONG, creen que este desánimo es "una estrategia; sise rebajan las expectativas y luego hay un pacto insuficiente se creerá que es mejor que nada", apunta Mar Asunción, de WWF. "Debe y puede salir un acuerdo vinculante, ambicioso y justo", recalca.
Que EE UU y China estén en las negociaciones es un elemento positivo que puede llevar al optimismo, aunque "los compromisos que están dispuestos a alcanzar son muy inferiores a lo que sería deseable", destaca Ignasi Carreras, de ESADE.
Su impresión, y la de muchos otros expertos, es que de Copenhague saldrá un acuerdo político pero que no se convertirá en vinculante hasta un año después, en otra cumbre. EE UU ya ha dicho que hasta que su Senado no apruebe una ley sobre cambio climático no firmará ningún pacto vinculante.
Sea como sea, "llegar a un acuerdo ha sido y es posible. Sólo hace falta voluntad y persistencia. No hay que olvidar que Copenhague es el futuro", sentencia el catedrático Daniel Gil.





