Mide más de 1,90, tiene 28 años y una presencia física que le ha permitido desfilar en algunas de las pasarelas más destacadas de Euskadi y hasta presentarse a Míster España. Es Iñaki, un ertzaina argentino de ascendencia vasca, amante del deporte, el remo, el mate y la buena carne de la Pampa.
A pesar de que llegó al País Vasco cuando aún no había cumplido los 8 años y de que toda su familia paterna es española -lo que le permite disponer de la doble nacionalidad-, Iñaki se siente argentino en un 99%, algo que, según confiesa, queda bien claro los días en que hay partido de la selección albiazul.
La musicalidad del acento, que en su infancia perdió en la escuela, retorna a su boca cada vez que vuelve a la Argentina o sus familiares acuden de visita al País Vasco. Con ellos regresan también el "voseo", las conjugaciones agudas, las "ll" arrastradas y la nostalgia.
Pregunta.- ¿Cómo se planteó la posibilidad de vivir en el País Vasco?
Respuesta.- No fue una decisión mía. Mi padre, que es español, y mi madre, que era argentina, decidieron venir a Euskadi cuando yo tenía siete años y mi hermano diez. Nosotros vivíamos en un pueblo que se llama Hénderson, a 500 kilómetros de Buenos Aires, y pensaron que tendríamos unas condiciones mejores para estudiar aquí, donde además vivía toda la familia de mi padre.
P.- ¿Le resultó difícil adaptarse a esta nueva vida?
R.- Recuerdo que fue bastante chocante para mí, porque yo soy muy de raíces argentinas, soy como más de allí, y con siete años no te das cuenta de lo crueles que pueden ser los niños: los primeros días de clase abría la boca y se reía todo el mundo y al final opté por no hablar y me llamaban "el mudo". Luego poco a poco se quitó el acento, pero en cuanto hablo con argentinos vuelve.
P.- ¿Y cuándo se planteó ingresar en la Ertzaintza?
R.- Yo estudié empresariales pero, cuando terminé la carrera en Inglaterra y regresé aquí, me encontré que los universitarios tenían pocas salidas en el mercado laboral. A mí toda la vida me habían llamado la atención las películas de policías y un amigo de la cuadrilla me convenció para meterme a la Guardia Municipal de San Sebastián, donde estuve unos años hasta que salió una oposición para la Ertzaintza y me animé, porque ya conocía el trabajo y me gustaba.
P.- ¿Le ha deparado alguna situación curiosa el hecho de ser ertzaina y argentino?
R.- Mucha gente me conoce porque además de ertzaina soy modelo, hago desfiles y porque me presenté a Míster España, aunque no llegué a pasar de la primera fase. Algunas personas se muestran extrañadas y me preguntan cómo se puede compatibilizar todas estas cosas.
P.- ¿Y qué trabajos hace como modelo?
R.- He ganado varios concursos en algunas discotecas, he hecho desfiles en centros comerciales, muestrarios de ropa, trajes de novio y bañadores, aunque por mi profesión de ertzaina no puedo firmar contratos que sean lucrativos.
P.- Es usted un pozo de sorpresas.
R.- Sí, porque también he hecho algún gag para el programa de humor "Vaya Semanita" de la televisión autonómica vasca (ETB) y desde hace dos años remo en un club de banco fijo.
P.- ¿No encuentra problemas para compatibilizar tanta actividad?
R.- Es una de las razones por las que no tengo novia, pero en la Ertzaintza nunca me han puesto ningún problema. La verdad es que me quito el sombrero porque todo han sido siempre facilidades.
P.- ¿Qué cosas echa de menos de Argentina?
R.- Sobre todo la familia y los amigos, pero también los paisajes, la carne, el fútbol. Aquí también hay fútbol pero es diferente. Allí se vive más. Es una pasión que se puede explicar con la selección, cuando juega se para el país.
P.- ¿Cuáles son sus equipos favoritos?
R.- En Argentina soy del River Plate. De la Liga Española me quedo con el Barcelona y, por supuesto, Leo Messi.
P.- ¿Qué me dice del tango?
R.- No lo bailo, soy muy malo bailando pero me tira y me gusta escucharlo, cuando lo oigo me toca el corazón. Igual que los paisajes de Argentina. Las cataratas de Iguazú te hacen sentir que no eres nada en este mundo. No he visto nada igual, aunque San Sebastián también me encanta, las vistas de la bahía de La Concha desde Urgull o el Palacio de Miramar son una verdadera gozada.


