Los termómetros de mercurio desaparecen hoy de las farmacias. Y es que entra en vigor la directiva aprobada en 2007 que prohíbe fabricar y vender estos utensilios en la Unión Europea debido a su alto nivel contaminante.
"El mercurio es un elemento tóxico que no se degrada", y que "en dosis elevadas puede ser fatal", advierten desde la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU). Pero que no cunda el pánico: la cantidad de mercurio que hay en los termómetros convencionales es muy pequeña y pueden seguir usándose sin problema.
"Los restos de esta sustancia pueden ser peligrosos para la salud", por lo que no se deben tirar los termómetros a la basura -ya que podrían acabar en el mar- sino "en un punto de recogida de residuos especiales", indican desde la OCU.
La medida de dejar de comercializar termómetros de este tipo la aprobó el Parlamento Europeo en julio de 2007. Esto "reportará beneficios para el medio ambiente y, a largo plazo, para la salud humana, al evitar que el mercurio entre en el flujo de residuos", señalaba la directiva europea. Ésta no es aplicable a los aparatos ya en uso o comercializados ni tampoco los aparatos de medición de más de 50 años y los barómetros.




