Los salvadoreños recordaron hoy 30 años del asesinato del arzobispo Óscar Arnulfo Romero, considerado por los feligreses un "pastor" que denunció las injusticias en los años previos a la guerra civil (1980-1992).
Jóvenes, adultos y religiosos participaron en distintas actividades y peregrinaciones hacia la Catedral Metropolitana, en el centro de San Salvador, para recordar la muerte del prelado, conocido por los salvadoreños como "San Romero de América".
Romero "es un gran pastor, un gran mártir y un gran representante que puede influir mucho en la educación de los jóvenes", dijo a la radio YSKL el cardenal de Guatemala, Rodolfo Quezada Toruño, quien presidirá hoy una misa organizada en honor al asesinado arzobispo.
"Él dio su vida por la humanidad y por El Salvador", declaró a Efe Andrés Muñoz, de 23 años, que se acercó hasta la tumba del prelado, convertida hoy en sitio de romería para cientos de católicos que depositaron flores o elevaron una oración.
"Denunció el pecado y ahora también lo haría", añadió Muñoz sobre el arzobispo, y lamentó que en algún momento se haya considerado que "simpatizaba con una línea política" debido a su prédica.
Romero, cuya causa de santificación es estudiada por el Vaticano, fue conocido como la "voz de los sin voz" por su constante denuncia de las atrocidades cometidas por militares en contra de los civiles.
"Él siempre invitó al pueblo salvadoreño a estar unido y denunció la injusticia de los que tenían el poder y no lo ejercieron bien", afirmó Pedro Menjívar, de 21 años, quien llegó a San Salvador desde la ciudad de Chalatenango (75 kilómetros al norte de esta capital).
En los alrededores del monumento al Divino Salvador del Mundo, donde se concentró la mayor peregrinación y se celebraron actividades culturales, Carmela Alfaro, una mujer de 70 años, levantaba un cartel en el que se leía: "San Romero de América".
"La justicia divina sentenció al asesino, igual que sentenciará a sus cómplices", agregaba la pancarta de Alfaro, quien recordó en declaraciones a Efe que Romero hablaba "sin miedo".
Lemas como "Romero vive" y "en mi pueblo resucitaré" se leían en pancartas, camisetas y otras prendas usadas por los participantes en las peregrinaciones, inundadas de imágenes con el rostro de Romero.
El arzobispo fue asesinado el 24 de marzo de 1980 de un balazo en el pecho en momentos en que oficiaba una misa en una pequeña capilla de un hospital para enfermos de cáncer en San Salvador.
Una comisión de la verdad que investigó los crímenes de la guerra civil consideró que existía "plena evidencia" de que el asesinato de Romero fue ordenado por el ya fallecido Roberto d'Aubuisson, fundador de la derechista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), partido que gobernó el país entre 1989 y junio de 2009.
La Ley de Amnistía aprobada un año después de los Acuerdos de Paz que en 1992 pusieron fin a la guerra civil en El Salvador dejó en la impunidad ese crimen.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) recomendó al Gobierno salvadoreño que realice una investigación, con el fin de identificar, juzgar y sancionar a todos los autores materiales e intelectuales.
También ordenó al Estado que repare todas las consecuencias de las violaciones cometidas, incluyendo el pago de una justa indemnización, y que adecúe su legislación interna a la Convención Americana para dejar sin efecto la amnistía.
En noviembre pasado, el Gobierno del presidente Mauricio Funes, el primero de izquierda en la historia salvadoreña, reconoció públicamente la responsabilidad del Estado en el caso de Romero y prometió cumplir "de buena fe y en la medida de sus posibilidades" las recomendaciones de la CIDH.
La decisión supuso un giro de 180 grados a la política de El Salvador en las últimas dos décadas, durante las que gobernó ARENA.




