Las vastas plantaciones de amapolas que cubrían el norte de Tailandia y los narcotraficantes de opio con sus fusiles AK-47 han dejado paso, 40 años después, a modernos invernaderos de café arábigo, melocotón, kiwi y té, entre otros frutos.
La aldea de Mae Klang Luang, en la norteña provincia de Chiang Mai, crece a la sombra de Inthanon, la cumbre de Tailandia, un lugar ideal para la labranza por la suavidad del clima y la fertilidad de la tierra.
"Mi bisabuelo y mi abuelo cultivaban opio para que sus hijos no pasaran hambre. Hoy en día nos dedicamos al cultivo de arroz y café, así como al turismo sostenible", explica a Efe Somsak Kiripoomtong, líder de la minoría étnica karen de Mae Klang Luang.
Entre la frondosa vegetación y los fértiles ríos del paisaje sobresalen amplias calvas producto de la costumbre en declive de quemar zonas boscosas para cultivar opio u otros productos.
"Hemos dejado de quemar bosque para aprovechar los recursos naturales de una forma más sostenible y que sigan ahí para las generaciones venideras", señala Kiripoomtong, quien utiliza un apellido tailandés a pesar de su origen karen.
En el periodo de mayor producción de opio en Tailandia, hacia 1965, los campos de adormideras producían unas 150 toneladas, cantidad que suponía el 14 por ciento de la cosecha mundial.
Miembros de las etnias karen y hmong se encargaban del cultivo de la mayor parte del opio y lo malvendían a los narcotraficantes chinos o los señores de la guerra locales, quienes se enriquecían con el tráfico de heroína, elaborada a partir de la resina opiácea.
La pobreza del campesinado creaba el caldo de cultivo perfecto para las guerrillas comunistas que operaban en el norte con la ayuda de donaciones de Vietnam y China.
El rey Bhumibol Adulyadej y el Gobierno iniciaron la transformación en 1969, cuando el problema de la heroína comenzaba a causar estragos entre la población adicta de Estados Unidos, Europa y Asia.
Actualmente, el Proyecto de la Fundación Real cuenta con cuatro estaciones en las sierras del norte donde viven cerca de 85.000 personas de las minorías étnicas.
Los responsables del programa también han regularizado la situación de la mayor parte de los grupos étnicos, quienes así tienen acceso a los servicios sanitarios y sociales.
En la estación de Inthanon, más de 800 familias han multiplicado su ingresos hasta alcanzar los 1.500 dólares anuales, desde los 85 dólares al año que obtenían en 1969 por la venta del opio.
Desde 2004, las plantaciones clandestinas de amapolas han quedado reducidas a unas 200 hectáreas y apenas ofrecen al mercado negro unas dos toneladas anuales.
El éxito del proyecto de erradicación de opio ha llamado la atención de otros países con similar problema, como Afganistán y Perú.
La amapola del opio se ha cultivado durante siglos en Tailandia y el Sudeste Asiático, pero la producción se disparó cuando el líder chino Mao Tse Tung erradicó la adormidera en China, a mediados del pasado siglo.
Irán prohibió el cultivo en 1955, Tailandia cuatro años más tarde y Turquía en 1972, lo que no evitó que el tráfico ilegal de heroína creciera de forma vertiginosa.
El Triángulo de Oro, la parte del río Mekong donde confluyen las fronteras de Tailandia, Laos y Birmania, producía el 72 por ciento del opio mundial en 1989, más de la mitad en suelo birmano, y bajó hasta el 50 por ciento en 1995.
Esta zona es hoy responsable del 5 por ciento del opio mundial, el resto proviene de Afganistán.




