Los Ait Sgugu, una tribu bereber que vive del pastoreo en la zona del Medio Atlas marroquí, ven amenazado su modo de vida por un proyecto de desarrollo que planea cultivar en sus tierras una planta de forraje para ganado.
Estos pastores han ocupado tradicionalmente unos terrenos al pie de las montañas en Azaghar -en la región de Jenifra, a unos 300 kilómetros de la capital- que pertenecen a su tribu de manera colectiva y a los que bajan el ganado cuando llega el invierno.
Ahora, un proyecto de modernización del Ministerio de Agricultura pretende mejorar el rendimiento de esas tierras cultivando en ellas una planta llamada atriplex, que se utiliza como forraje por ser muy nutritiva para los animales.
Pero los Ait Sgugu denuncian que si sus tierras se usan para cultivar esta planta, durante los cinco años que tarda en crecer las quinientas familias cuyas casas se dispersan por las 3.500 hectáreas afectadas se quedarán sin pasto para las ovejas y vacas que constituyen su único sustento.
Se trata del último capítulo de la ancestral desconfianza que las tribus bereberes profesan hacia Rabat y que resurge periódicamente, pese a iniciativas puestas en marcha por el Ejecutivo, como el lanzamiento de un canal de televisión en "tamazigh" (lengua bereber).
Los pastores consideran que este nuevo plan es una "forma suavizada" de expropiación que intenta reducir el terreno al que tienen acceso para obligarles a irse, según apuntó el militante de los derechos humanos y de la causa bereber Ahmed Bauraui.
Por eso, cuando las autoridades locales llegaron a Azaghar hace "dos o tres meses" acompañadas de un empresario y varios agentes de policía, los pastores de Ait Sgugu mostraron -de manera pacífica, insisten- su oposición al proyecto, protesta que acabó con siete de los rebeldes detenidos en espera de juicio.
Desde entonces, según relató un grupo de mujeres, las autoridades han regresado varias veces para "amenazar" a los habitantes de la zona y tratar de obligarles a irse, con medidas como impedir la llegada del único camión que les puede llevar al zoco donde van a comerciar casa semana, que está a 35 kilómetros.
Ante esta situación, el blanco de las protestas del movimiento asociativo que se enfrenta al proyecto son los 36 miembros de la tribu que, en un cargo otorgado por la Administración, ejercen de representantes de la propiedad colectiva, y que fueron quienes firmaron el convenio que autoriza este plan.
En este acuerdo se recoge que la nueva plantación contribuirá, entre otras cosas, a "evitar la explotación salvaje del bosque, mejorar la alimentación de los animales, la creación de empleo en el medio rural y aligerar la explotación de los recursos naturales"
Interpelados por la población, los ancianos no se ponen de acuerdo sobre las razones que les llevaron a aceptarlo.
Mientras unos defienden la plantación de atriplex, como Mohamed Mkaoui, que alega que "hasta tal punto estaban abandonadas esas tierras que ni siquiera pasaban los pájaros", otros, como Mohamed Larbi, argumentan que se les prometió dotar a la zona de infraestructuras como escuelas, hospitales y canalizaciones de agua.
El miembro del Congreso Mundial Amazigh Rachid Raha explicó que la mayoría de estos representantes son analfabetos en árabe -se manejan en "tamazigh"-, por lo que firmaron el convenio sin poder leerlo, fiándose de un acuerdo oral previo en que se les hacían promesas que el texto final no recoge.
Pero estas explicaciones no convencen a los pastores, que apuntan que los representantes, que "viven en las ciudades, en buenas condiciones", muestran "mucha distancia" con los habitantes de los terrenos que gestionan y con la pregunta que les preocupa: "¿A dónde vamos a ir si el proyecto sale adelante?".
Para esta interrogante, Bauraui tiene una descorazonadora respuesta: "El proyecto los condena a irse a la ciudad, donde, como no tienen nada, tendrán que vivir en los barrios de chabolas que empiezan a surgir, en los que nacen la pobreza y la delincuencia".
Para Raha, situaciones como esta son parte de la discriminación cotidiana que sufre en Marruecos el pueblo bereber, víctima, según un comunicado del Congreso Mundial Amazigh, de "un apartheid que contradice los discursos oficiales", que prometen medidas para su integración y la mejora de su calidad de vida.
Una queja que, a su manera, comparte uno de los vecinos de Azaghar, que se dice: "Si se implanta el proyecto, ¿de qué sirve que hagan aquí una escuela o una carretera? La gente ya se habrá tenido que ir".




