El filipino Brillante Mendoza, premiado como mejor director en la última edición del Festival de Cine de Cannes, reconoció en Bangkok que sus películas no le dan "para comer" y que se conforma con poder "hacer cine de forma independiente".
"No me gano el pan haciendo películas, vivo gracias al rodaje de comerciales publicitarios en televisión", declaró a Efe Mendoza, quien forma parte del jurado en el Festival Internacional de Cine de Bangkok, que concluye hoy.
"Las películas no dan dinero cuando reciben premios sino cuando son comerciales y el público acude al cine para verlas; yo no hago películas para que triunfen comercialmente sino porque es mi pasión", añadió el realizador.
Señaló que "gracias a las cámaras digitales, el cine independiente ocupa en este momento el 80 por ciento de las películas que se producen en Filipinas, una situación sin precedentes".
Apuntó que los "actores y actrices conocidos no cobran por actuar en películas no comerciales, porque son las que terminan exhibiéndose en festivales internacionales".
"¿Por qué van a escoger en Europa o América una película que cuenta las mismas historias comerciales de 'chico rico conoce a chica pobre' o viceversa que allí se producen?, buscan algo diferente", manifestó Mendoza.
Con nueve producciones desde 2005, Mendoza salió del anonimato internacional al ganar el premio a mejor director en Cannes por "Kinatay", una relato crudo sobre la corrupción policial en Filipinas.
El cineasta también causó una grata impresión en la critica y el público del Festival de Venecia con "Lola", que narra la relación de las abuelas de un asesino y su víctima.
No obstante, Filipinas desechó "Lola" para competir en la sección extranjera de los Oscar.
Mendoza no se mostró sorprendido y dijo que es porque sus obras "no son del tipo que el Gobierno quiere en los Oscar porque suelen mostrar una parte de la sociedad que prefieren ocultar".
Dijo que los productores de sus películas son extranjeros, aunque "el Gobierno ha comenzado a invertir dinero en el cine independiente porque no tiene más remedio, después del éxito cosechado en el panorama internacional".
En el rodaje gasta una media de 10 millones de pesos (149.000 euros o 200.000 dólares) y la grabación dura entre 10 y 15 días, lo que requiere "una buena dosis de improvisación".
"Kinatay", que significa carnicero en tagalo, contiene escenas especialmente cruentas como la decapitación de una mujer a la que previamente violan, lo que provoca que algún que otro espectador abandone las salas de cine.
"No me importa que algunos no puedan aguantar mis películas, mi intención fue mostrar algo que ocurre en Filipinas más habitualmente de lo que muchos piensan", declaró el cineasta.
Señaló que, al igual que en el plano político y económico, Asia está ocupando un mayor espacio en la creación cinematográfica, lo que afectará a la forma en que "se hace y se ven" películas.
Acerca de la piratería, muy extendida en este continente, aseveró que, "en el caso de Filipinas, es una cuestión de supervivencia, antes simplemente no tenían acceso a las películas".




