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ADN.es / Internacional

Domingo, 12 de febrero de 2012. Actualizado a las 08:35h | : el tiempo en

El desánimo reina en Kosovo tras 20 meses de independencia

Ramón Santaularia

La realidad es tozuda. Kosovo vive momentos de desánimo, pese a los esfuerzos económicos y el apoyo político de la Unión Europea y Estados Unidos antes y después de declarar unilateralmente su independencia en febrero de 2008.

Este pequeño Estado balcánico de dos millones de habitantes, de los que el 15 por ciento vive con menos de 0,90 euros al día en la más abyecta pobreza, va camino de convertirse en un Estado fallido, si no avanza económica y políticamente.

Esta es la tesis que maneja el magnate de prensa Veton Surroi, y que comparten otros expertos sobre la evolución de la ex provincia serbia, ante todo por la falta de perspectivas en un mercado laboral en el que entran cada año 25.000 jóvenes con escasísimas posibilidades de encontrar trabajo.

Las estadísticas son poco fiables en Kosovo, pero las cifras que manejan algunos expertos sitúan el índice de desempleo en torno al 45 por ciento, lo que da una idea de la dimensión de este problema.

El hecho de que el 40 por ciento de la población viva por debajo de la línea de la pobreza, que el 15% deba subsistir con 90 céntimos de euro al día y que hayan bajado las remesas que envían los kosovares en la diáspora por la crisis financiera mundial es para muchos una razón para querer emigrar del país.

Para Surroi, dueño del diario de mayor tirada del país, Kohaditore, y presidente del Club de Política Extranjera, una ONG dedicada a captar simpatías en el extranjero por la causa nacional, Kosovo no es aún un estado fallido.

Pero a renglón seguido aclara que "sí es un Estado partido y en este sentido no es funcional, aunque no sea fallido porque básicamente funciona. No se pueden tener espacios fallidos en Europa, ya que fallar en Kosovo sería fracasar en Europa".

La división del flamante país a la que se refiere Surroi es visible en Gracanica, a unos 10 kilómetros de Pristina, un enclave serbio donde circula en las tiendas el dinar serbio, junto con el euro, moneda de curso legal desde que se introdujo en 2002 en la eurozona y sucesora del marco alemán antes vigente en Kosovo.

"¿Qué democracia es esta? No tenemos trabajo, no podemos viajar a Serbia ni al extranjero y somos pobres. Con (el presidente yugoslavo Josip Broz) Tito podíamos ir a donde queríamos y teníamos trabajo", se lamenta un quincallero serbio de etnia gitana en Gracanica.

Un joven de 20 años, que despacha en una tienda contigua, se queja de que con su exiguo salario de 100 euros al mes y un horario de nueve horas diarias apenas pueda vivir y explica que lo que querría es emigrar a un país europeo con mejores perspectivas.

Pero no todo es negativo en la convivencia entre albanokosovares y serbokosovares.

La comisaría de Policía de Gracanica ha logrado que más de dos terceras partes de sus 70 agentes que sean serbios, pese a que Belgrado presionó fuertemente para que estos policías abandonaran el puesto, explica el sargento Rana Kryeziu.

Al margen de las penurias diarias, Pristina tiene que enfrentarse a la precariedad diplomática, puesto que hasta la fecha el pequeño país balcánico ha sido reconocido sólo por 62 países, de ellos 22 de la Unión Europea. Faltan por hacerlo España, Eslovaquia, Chipre, Grecia y Rumanía.

Esta falta de reconocimiento no solo impide la futura integración europea de Kosovo, sino que dificulta una circulación más libre de sus ciudadanos a países miembros comunitarios por problemas de visados.

El primer ministro kosovar, Hashim Thaçi, adelantó a Efe que el inminente informe de Bruselas sobre el progreso en el acercamiento de Kosovo a Europa será excelente y afirmó que "el futuro de Kosovo es el futuro europeo".

Con este optimismo bien calculado, Thaçi opina que la ex provincia yugoslava es hoy democrática y multiétnica, y que en ella reina el imperio de la ley y se combate sin miramientos la corrupción, un mal que aqueja a otros países de la región balcánica.

De los cerca de 3.000 millones de euros que se calcula que la UE y EEUU han donado a Kosovo desde 1999, un 80 por ciento ha sido destinado a pagar estudios de consultoría a organizaciones, denuncia Shpend Ahmeti, director ejecutivo del instituto Group of Advanced Studies (GAP).

Por ello, Ahmeti confía en que la misión comunitaria Eulex que sustituyó el pasado diciembre a la misión Umnik de Naciones Unidas sea más eficaz en la lucha contra la corrupción y en la administración de Justicia, pese a su complicado estatus neutral.

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