España es el país número 15 del mundo donde mejor se vive. Lo indica el Informe sobre Desarrollo Humano, difundido ayer por la ONU. Un año más, Noruega está a la cabeza del listado, que vuelve a cerrar Níger.
Para la elaboración de este ranking se valoran tres componentes: "Los ingresos per cápita del país, su nivel de educación, o sea, las tasas de escolaridad y alfabetización, y su esperanza de vida", explicó ayer desde México Francisco Rodríguez, director de investigación de la Oficina del Informe de Desarrollo Humano. Todos los datos analizados son del año 2007, previos a la crisis económica.
En un buen lugar
En opinión de Rodríguez, la posición de España -que mantiene la misma que en el anterior análisis- denota "un desarrollo humano muy alto, similar a varios países europeos. En los últimos 30 años ha conseguido una total convergencia con el resto de Estados de Europa". De hecho, España deja atrás a Dinamarca, Bélgica, Italia o el Reino Unido.
Algunos países "han conseguido mejoras significativas, pero los avances han sido dispares", señala Jeni Klugman, directora del análisis. "Muchos han sufrido retrocesos en los últimos decenios debido a de- presiones económicas, crisis relacionadas con conflictos y la epidemia del VIH", añade.
El estudio de Naciones Unidas analiza las migraciones en todo el mundo, ya sean internas o internacionales, y busca romper algunos mitos. Por ejemplo, que al contrario de lo que a menudo se cree, la mayor parte de los que cambian de residencia lo hace dentro de su propio país. De hecho, los inmigrantes internos suman 740 millones de personas.
Otra realidad que se desconoce: "Sólo el 37 % de la emigración global es de sur a norte. La mayoría de movimientos, un 60 %, o sea, 200 millones de personas, se produce de países desarrollados a otros países desarrollados o de sur a sur", asegura Rodríguez. "Hay muchas más personas de Zimbabue que emigran a Suráfrica que a España", agrega.
La migración es "deseable"
Además, se constata que "las migraciones tienen efectos muy positivos sobre el desarrollo humano, la salud y la educación para el migrante, su familia y también para los residentes en el país receptor", apunta Rodríguez. Y es que la migración es algo "deseable", añade Stephane Dujarric, director de comunicación del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, quien aboga por "educar a la población local para que no la vea como una amenaza".




