Las buenas maneras no entienden de género, ni de clase social, raza o edad. Tampoco hay que haber pasado por la universidad ni ser de clase alta para conocer, y aplicar, el arte de la cortesía.
Sobre este eje nació Protocolo y Buenas maneras (Libros Cúpula), dos tomos completos sobre el saber estar que acaban de publicar Pablo Batlle, José Carlos Sanjuán y Juan Sunyé. Dos guías que desgranan los "principios básicos que toda persona debe aplicar en su vida personal y profesional".
La esencia recae en tres puntos claves: "naturalidad, sentido común y respeto", elementos que transmiten "la familia, el colegio y la sociedad en general. Es algo que se aprende de manera cotidiana", señala José Carlos Sanjuán.
Este aprendizaje varía en cada país: "el alma de la cortesía es igual en cualquier parte del mundo. Pero las formas cambian", matiza Pablo Batlle. Como, por ejemplo, al saludarnos -en Occidente nos damos la mano y en otros países es habitual bajar la cabeza-, o al recibir un regalo -aquí lo abrimos y en tantos otros lugares descubren su contenido en la intimidad-. Y es que aunque vivimos en un mundo cada vez más globalizado, "las tradiciones propias se mantienen".
UNA CRISIS CON SOLUCIÓN
España goza de buena salud en materia de cortesía, dicen los expertos. Aunque "vivimos un momento de crisis en buenas maneras", señala Batlle. Aún así, es optimista: "estamos en un ciclo en que los jóvenes quieren aprender y recuperar la urbanidad, la educación, el saber estar". Y la puntualidad, "una forma de respeto máximo".
Como referente, los autores coinciden en la misma figura: "la reina Sofía, una persona con una educación desmesurada". Pero no es la única. "Hay muchos hombres y mujeres anónimos que son fantásticos ejemplos a seguir".
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